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Susana Seleme Antelo

Del Sutó al Piraí


2011-02-21 - 12:10:30

Haciendo camino al andar
En busca de El Dorado llegaron los españoles hasta las llanuras que hoy conforman el departamento de Santa Cruz, en una nueva empresa de conquista. Ese fue el cometido de la hazaña de Ñuflo de Chávez y otros conquistadores. 

De ahí que  26 de febrero de hace 450 años, orillas del arroyo Sutó, en medio de la selva indómita, como los Chiquitos, sus indómitos nativos habitantes, fundó Ñuflo de Chaves, la antigua Santa Cruz de la Sierra. Ponerle el nombre de su natal Santa Cruz extremeña ¿fue un acto con el que quiso marcar su identidad intrépida, aventurera y libertaria más importante que la adhesión a la Corona española?  ¿Por qué buscó Chaves ese lugar “lejos de todas partes” como dirían luego algunos autores?

Esa lejanía explicará su “infancia andariega” como señalan otros historiadores, desde la fundación de Nueva Asunción en 1559, y sus sucesivos traslados, buscando un lugar más amable, hasta asentarse en el lugar en el que está hoy asentada. Ciudad frontera, ciudad andariega, ciudad excluida del ser social nacional hasta mediados del siglo pasado, en todo caso, ciudad que tuvo la impronta de ser parte de la primera experiencia colonial burguesa de Europa, al calor de la llamada acumulación originaria en el desarrollo del modo de producción capitalista.
Con la conquista se da el mestizaje -no siempre  amable- entre los recién llegados, mezcla a su vez de árabes, judíos y otros pueblos de Europa, con los nativos de las nuevas tierras, consideradas las Indias en un principio, de donde proviene el denominativo que recibieron: indios. Como parte contradictoria de la ‘modernidad’, a partir de esa experiencia colonial, surge el controvertido e infame concepto político, más que biológico, de raza, basado en el color de la piel, culpable de no pocas páginas negras en la historia de la humanidad. 

En todo caso, y a luz de la contradicción, estas hazañas de conquista, en criterio del científico francés, Alcides D’Orbigny,  que  recorrió estas tierras entre 1830-32, “merecieron ocupar mejor sitio en la historia”. En su opinión “…no tuvieron que batirse con los mejicanos civilizados ni conquistar las proverbiales riquezas del Perú; pero por lo mismo que exploraban un país menos poblado, más salvaje, debían  superar muchos obstáculos. Al escrutar la historia del Río de la Plata impresiona sobre todo esta verdad, así como la escasa resonancia  que encontró el descubrimiento de esa parte del nuevo mundo, de la que Santa Cruz de la Sierra depende... Apenas habían transcurrido o­nce años después que Solís avistara las márgenes del Plata, cuando el primero de tales hombres llegó de las costas del Brasil al pie de los Andes. Es extraño ver a América atravesada en todos los sentidos ... mientras hoy en día semejantes viajes resultarían en cierto modo imposible”.

La ciudad pensada primero como contención y frontera contra los bandeirantes portugueses y los indios que habitaban esta zona, para preservar las ricas minas de Potosí, a la postre no resultó ser importante para la Corona española. Aquí no hubo oro, ni plata, ni pudo ser habido El Dorado. Tampoco fue importante para el “ser minero” de la república desde su creación en 1825, hasta más allá de 1952.
Desde este lugar, aquí, construyó, consolidó y consolida su identidad, o sus varias identidades a lo largo de 4 siglos y medio de olvido. De ahí la postergación de su desarrollo, hasta que las urgencias del tiempo,  bien entrado el siglo XX hicieron rugir la historia.   Para entonces, ya Santa Cruz de la Sierra ‘había hecho mucho “camino al andar”, mucho más que el ir de traslado en traslado.

Entre el azar y la necesidad
Más allá de la controversia acerca del azar en tanto que casualidad, hecho fortuito o ausencia de finalidad, en el caso de la fundación de Santa Cruz de la Sierra,  el azar adquiere una connotación histórico-filosófica. Aquí tuvo el azar  más de una finalidad. En realidad varias finalidades, conjugadas con la necesidad como impulso irresistible e imperioso que hace que las causas actúen infaliblemente en un cierto sentido.

Así pues, el lugar elegido para fundar la ciudad, aquel 26 de febrero de 1561 tuvo  para Chaves la finalidad de “poblar y desencantar la tierra” como afirmó, amén del afán “de mayores glorias y de más risueño y holgado porvenir” como señala el historiador Enrique Finot. Ambas finalidades se darían en tensa convivencia con las y los nativos: con ellas para reproducirse y poblar las nuevas tierras, con el rigor de no pocas violaciones origen de nuestro mestizaje biológico; con ellos, también en relación de dominación, para buscar El Dorado, para defenderse de los ‘otros’ y para trabajar la tierra. Fue la tierra -a falta de oro y plata- la única riqueza disponible para los venidos de ultramar, para criollos y mestizos hasta hoy, origen del patrón de acumulación económico cruceño, más allá de sus críticos.

Para Humberto Vázquez Machicado, desde una mirada geopolítica, integradora e interdependiente,  la finalidad de aquella fundación fue unir “los dos componentes” de lo que luego sería “la nacionalidad boliviana... el Oriente tropical y el Altiplano andino y minero”. Así lo afirma, cuando apunta a la designación que recibió Ñuflo de Chávez como Teniente de Gobernador de la Provincia de Moxos, del Virrey del Perú, Márquez de Cañete, en febrero de 1560. Cruzó el continente de ida y de vuelta, para obtener un título que le diera autoridad sobre las nuevas tierras, movido por el azar y la necesidad.

Ni el Marquez de Cañete ni Chávez pensaban en términos de  la nacionalidad boliviana -unión de Oriente con occidente- como señala Vázquez Machacado en su interpretación geopolítica , cuando en 1560 sellan la creación del título de Teniente de Gobernador, pues el concepto no existía. Pero ante el peligro que significaban los “bárbaros” y bandeirantes portugueses, el extremeño encontró su ‘sitio’ en la región de los Chiquitos, dónde el ‘mandante’ sería él y solo él. Desde aquel 1561, ‘caminó’ la ciudad de Santa Cruz de la Sierra hasta 1622, cuando concluyó su ‘infancia andariega’ y se quedó donde hoy está.

Aquí proyectó y construyó en 450 años sus actuales realidades sociopolíticas, sus identidades étnico-culturales mestizas, sus rechazos a los centralismos coloniales, republicanos y de cualquier signo en una relación de alta o baja intensidad; su economía agroexportadora, energética y de servicios, su vocación autonómica siempre, su calidad hospitalaria, más allá de cualesquiera de los estereotipos con los que el centralismo  ha pretendido y pretende estigmatizar a Santa Cruz de la Sierra y a la región toda. Nunca entendió  ‘la cuestión regional’ como una demanda válida ante la ausencia de atención del ‘centro’ lejano. En todo caso, esa ‘cuestión regional’, no fue ni separatista, ni regionalista, ni oligarca, ni más racista que otras regiones del país, ni terrorista, desde luego.

El mestizaje biológico y la mestiza identidad cultural nacida en el Sutó, se consolidó aquí, a orillas del Piraí, por otras finalidades del azar: un lugar más amable y la necesidad de ‘acercar’ la ciudad a otros lugares. Esta Santa Cruz de la Sierra merece el mismo homenaje que se celebrará a orillas del Sutó, en Turubó, el próximo 26 de febrero, merecidos uno y otro.

La fecha pertenece a la memoria colectiva que durante 450 años por aproximaciones sucesiva, otros mestizajes, otros azares y otras necesidades, tiempos nuevos y nuevas urgencias, fueron construyendo la identidad cruceña, mezcla de muchas sangres, desde el Sutó hasta el Piraí.

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