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Álvaro Riveros Tejada

Paranoia dictatorial


2012-01-02 - 07:55:20

En un arranque típico del carácter paranoide que suele caracterizar a los déspotas, el Idi Amin de Venezuela ha  supuesto la especie de que el imperialismo podría haber desarrollado una tecnología capaz  de generar el cáncer que padece y que asola a  algunos mandatarios latinoamericanos, en especial a los líderes del ALBA, después de que a su aliada y homóloga argentina, Cristina Fernández, le fuera diagnosticado el mal. Semejante acto de imbecilidad solo puede ser admisible en la mente de un autócrata que se considera superior a cualquier ser humano e invulnerable a la enfermedad y a la misma muerte.

Un común denominador que prima entre los tiranos es el temor de perder la vida en el ejercicio de sus dictaduras y, con ella, todas las prebendas y sinecuras  de que son objeto por parte de sus adláteres. De ahí que la característica de toda su gestión raya siempre en atentados contra su vida y ficticias amenazas de muerte.

Al momento de morir, esta corte de rufianes se encarga de venerar a sus momias con devoción de necrófilos y como afirmaba Chesterton: “El comunismo, a falta de Dios, idolatra los cadáveres de sus tiranos”. No hay país comunista que no haya momificado a sus opresores, pero no por el afán egipcio de preservarlos, sino para que la masa pueda renovar su lealtad al régimen idolatrando a un cadáver más o menos bonito; temible e intacto. 

A modo de cauterizar y distraer el sufrimiento de su pueblo, que por más de medio siglo ha dirigido con puño de hierro, Fidel Castro ha denunciado más de 635 atentados en contra de su vida y hoy, a sus 82 años, todavía cree que su vida está en riesgo y se permite impartir consejos de supervivencia a su émulo barines. Algo similar acaba de presenciar el mundo estupefacto, ante el patético funeral de Kim jong Il, un tiranuelo norcoreano perteneciente a este mismo circulo de monarquías comunistas, que a los 46 años de ominosa dictadura que ejerció su padre, sumó la suya de 18, para terminar embalsamado como un Faraón.

Qué diferencia abismal la existente entre el drama vivido por el ex dictador Hugo Banzer Suarez, aquejado de un cáncer similar, siendo aún presidente constitucional de la república. Tuvo el valor y la dignidad de preparar la cesión constitucional a su vicepresidente sin culpar a nadie, sin atribuir a Cuba, China, Rusia u otro país contrario a su filosofía el sinsabor de su suerte.

Una actitud de valentía sólo dable en un general de honor, que jamás se replicaría en un teniente coronel que ha sucumbido ante la paranoia de la dictadura.

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