El ser humano, por naturaleza, necesita de cuidado, desde su nacimiento y cuando aún es bebe manifiesta la imperiosa necesidad de estar cobijado en el regazo de una madre; así también nosotros, siendo ya jóvenes o adultos, y habiendo dejado hace mucho tiempo el regazo de una madre, no hemos perdido la necesidad de requerir cuidado.
Creo que este aspecto es muy importante para nosotros, aunque muchas veces es difícil de manifestarlo y más fácil de callarlo. Sin embargo, Dios está completamente apercibido del problema y en su infinito amor, a plasmado para nosotros grandes verdades, que si tan sólo las creyésemos como niños, recibiríamos el cuidado que Dios ha provisto para sus hijos.
Ahora les pido que por un momento, puedan deleitarse con algunas de estas poderosas verdades, haciendo que su alma reconozca lo que Dios ya les otorgó:
El abrigo del Altísimo es morar bajo su sombra protectora, es confiarle a Él lo más íntimo de nuestras necesidades, seguros que nuestra esperanza no será defraudada y que siempre podremos confiar en Él.
Él nos libra de toda la asechanza del maligno y de la peste destructora. Así como la gallina a sus polluelos, nos mantiene cobijados bajo sus alas, haciendo que el temor, la pestilencia, el peligro y la mortandad, se mantengan alejados de nosotros. Y cuando muchos puedan caer a nuestro lado, nuestros pies permanecen firmes por tener nuestra esperanza en el Altísimo (Salmos 91).
Cualquier mal o plaga que amenace nuestras vidas, no podrá atravesar nuestro lugar de morada, porque simplemente ahí está Dios, protegiéndolo todo. Nuestros caminos estarán siempre guardados por ángeles que Dios envía, para llevarnos en brazos si fuera necesario, evitando que nuestros pies tropiecen.
Dios nos muestra su cuidado cuando en su nombre de autoridad podemos hollar al enemigo de nuestras almas, por cuanto le hemos confiado nuestro amor, Él también nos libra, sustentándonos en la altura de su morada, ¿Saben por qué?, sólo por haber conocido su Poderoso Nombre.
Entonces, invocamos su maravilloso nombre y Él nos responde, permaneciendo con nosotros en la angustia y saciándonos de larga vida, hasta poder ver su Salvación (Salmos 91).
Hermanos, Dios es nuestro cobijo, Él conoce perfectamente la causa de nuestras debilidades y temores más ocultos, Él sabe también, que en lo más duro o aparentemente fuerte que parezca nuestro ser, sólo se esconde la necesidad de un niño temeroso, anhelante de protección, cuidado y amor, ¡Él lo sabe!, por eso, no duden, crean que en esta vida podemos tener una morada permanente con Dios.
Y recuerden siempre, siempre, que Él es nuestro Padre, nuestro lugar de pertenencia, nuestra confiable morada de amor.
“Padre de huérfanos y defensor de viudas, es Dios en su santa morada. Dios hace habitar en familia a los desamparados; saca a los cautivos a prosperidad; más los rebeldes habitan en tierra seca” (Salmos 68:5- 6).
El cuidado de Dios sobre pasa a todo pensamiento, es tan grande, porque no solo por lo que hace por ti, sino por el mundo entero. Este es el día en que volquemos nuestra vista al cielo y levantemos nuestra voz a Dios y le demos gracias en el nombre de Jesús.
Gracias maravilloso Dios por todo, mil gracias, en el nombre Jesús, amen.
Pastor Iglesia Paraíso de Fe, La Paz
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