Es desgracia que habría que anotar en la lista de mea culpas de quienes otean, llorosos, la costa del Pacífico arrebatada por Chile. Me refiero a la ignorancia de la geografía y la hidrografía de una Bolivia que es amazónica y platense en más de la mitad de su territorio.
No tanto después de 1867, cuando perdimos la mitad del acceso al río Amazonas, sin que a Muñoz y a Melgarejo se les ocurriera pedir un pedazo de ribera norte del río Madera allende las cachuelas, para el equivalente nuestro a la colombiana Leticia. Insistir en la Punta Man Césped en la mesa del arreglo de la Guerra del Chaco, ignorando que la única altura libre de anegamiento, apta para un puerto de acceso al Río de la Plata, fue usada por Suárez Arana unos kilómetros más al sur, al fundar Puerto Pacheco en 1888.
Fue reflexión al pulsear al juez e ingeniero de caminos que tenemos de Presidente, amén de doctor honoris causa de lambisconas universidades.
Jurisconsulto, porque vaya que le importan la Constitución y las leyes, quizá porque le mete nomás y deja a los abogados arreglar sus entuertos, según su alarde. Al Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (Tipnis), calificativos ambos con el respaldo de leyes de la República –o debería decir del Estado Plurinacional de Bolivia–, lo decretó “intangible”, quizá con la intención de que si no era para unos –los cocaleros–, tampoco sería para otros –los indígenas de tierras bajas que lo habitan. No terminó de secarse la tinta de su firma, que inició la campaña millonaria de prebendas y regalos para una “consulta previa” que borrase con el codo lo escrito por la mano.
Ingeniero de caminos debe ser también, llevando a periodistas que quizá por vez primera veían desde un helicóptero la pampa y selva anegadas en tiempo de lluvias, para remachar el ridículo aserto de que la única vía posible atravesaría el Tipnis. El infame Tramo II, sin estudio ambiental ni consulta previa a los dueños del territorio, tiene ahora variantes, todas las cuales llevan a su destrucción.
Inclusive la sexta, que bordea el área protegida por la ribera sur del río Isiboro. ¿Quién asegura que los cocales de fuera del Parque no tendrán pozas de maceración de la droga en la ribera norte, dentro del Tipnis? ¿Serán los indígenas defensa ante uno, dizque originario de Oromomo, conocido tronquero y comerciante de madera?
Lo que hay que preservar es la reserva natural, incluso de sus propios indígenas que, siendo humanos como todos, se doblegan ante el lucro de las troncas criminales y la coca para la cocaína.
Sostengo que al juez y caminero le falta el marinero. ¿Cómo tener conciencia marítima si ni siquiera la tenemos fluvial? Con los $400 y pico millones de dólares del costo de la carretera asesina de 306 Km, se desarrollaría la arteria de más de 1.000 Km del transporte más barato hacia el norte boliviano: el Rin de Bolivia, la hidrovía Ichilo-Mamoré.
No sé de las resultas de años de cooperación belga para navegar los ríos bolivianos. Algo debe haber de canalización y señalización de vías fluviales, anchas y angostas: los afluentes son los caminos de culturas como la mojeña, que inclusive cavaron canales. Quizá directivas del desarrollo de puertos mayores en Guayaramerín, Trinidad y Puerto Villarroel. Muelles, dársenas y depósitos serían experiencias útiles para cuando se construyan puertos en Ilo y el norte de Arica, que vendrán en el futuro, créanme. Grúas harán de Puerto Villarroel pieza fundamental de un transporte bimodal de contenedores que permitan, por ejemplo, llevar el estaño aluvional brasileño a refinar en Vinto y la soja de Rondonia a puertos del Pacífico.
¡Negocien esclusas en hidroeléctricas en construcción, y en una represa binacional en el pedazo de río Madera que compartimos con Brasil, para tener acceso al Atlántico! ¿Sería afiebrado pensar en un puerto bimodal en Riberalta, que conecte con Puerto Maldonado en el Perú, y con Porto Velho, Manaos y Belén do Pará, a través de los 90 Km de la carretera Riberalta-Guayaramerín? La energía renovable provendría de una hidroeléctrica en Cachuela Esperanza.
Aorta de transporte que dará vida al país con el comercio, la hidrovía Ichilo-Mamoré conecta Beni, Cochabamba, Santa Cruz, Pando y La Paz; tres naciones: Bolivia, Brasil y Perú. Me dirán qué pito tocan Perú y La Paz en este entierro. Un puerto bimodal en Riberalta, uniría Puerto Maldonado en el Perú y las provincias del norte de La Paz. La clave está en que draguen, canalicen y señalicen los ríos y afluentes. ¿Acaso un muelle menor en Puerto Grether no justificaría reconstruir o terminar la vía férrea a Santa Cruz y Argentina?
No corresponde a las estrecheces de espacio y conocimientos de esta columna analizar las aristas medioambientales y ecológicas. Baste mencionar que el transporte fluvial contamina la atmósfera casi la mitad del ferrocarrilero y más de tres veces menos que el modo camionero. Los costos de transporte en el río Ohio son tres a cinco veces menores que en tren; 10 a 35 veces menores que por camión.
Existe el magno emprendimiento de integrar fluvialmente las cuencas hidrográficas del Orinoco, del Amazonas y del Plata. Esbozos preliminares han sido publicados por la Corporación Andina de Fomento (CAF). Asevero que así como la conexión de las tres grandes cuencas abriría Sudamérica al transporte más barato del mundo, la Hidrovía Ichilo-Mamoré desarrollaría Bolivia. Eso sí sería cambio de verdad.
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