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Palabra de Dios

Mitos sobre el matrimonio


2015-07-31 - 18:15:02
DIOS… OS DÉ ENTRE VOSOTROS UN MISMO SENTIR…? (Romanos 15:5)

Muchas parejas que luchan con cuestiones remediables, han aceptado como ciertos a cuatro mitos comunes del matrimonio. Vamos a mirar a cada uno durante el siguiente escrito:

Si lo intento, puedo cambiar a mi cónyuge. ¡Déjalo! Si crees que siguiendo el plan “correcto”, luchando con más empeño y rehusando rendirte lo conseguirás, piénsalo otra vez. La Biblia dice que no tengas un concepto más alto de ti mismo que el que debes tener (Romanos 12:3). La verdad es que sólo puedes trabajar en ti mismo. Una vez que cambies tus “pasos” en el “baile matrimonial”, tu consorte comenzará a adaptar los suyos. Además, identificando y trabajando en tus propios defectos, ganarás credibilidad con tu pareja, y crearás un ambiente que puede llevar hacia el cambio. Ahora bien, aquí hay algunas cosas que puedes hacer:

(a) Elogiar las calidades que más admiras de él/ella
(¿recuerdas cuando salieron juntos antes de casarse?) y cimentarlas. En cualquier momento que ves un cambio positivo, reconócelo y anímalo.

(b) No dejes que las cosas se pongan peores.
Acostúmbrate a preguntar: ¿Hay algo en tu mente de lo que no hemos hablado últimamente?. La Biblia dice que no nos acostemos enfadados (lee Efesios 4:26), y por lo tanto, trata las cosas antes de que conduzcan al resentimiento y causen contienda.

(c) Trata de ser más comprensivo.
Cuando las personas no se sienten entendidas, se ponen testarudos y resisten el cambio.

(d) Disminuye la dependencia de tu cónyuge.
Recuerda que nadie puede proporcionarte todo lo que necesites durante todo el tiempo. También hace falta estar con los amigos para charlar con ellos y compartir actividades.

(e) Sobre todo, sé paciente; ninguno de los dos es perfecto.
Pídale a Dios que “…os dé entre vosotros un mismo sentir…” (Romanos 15:5). Y recuérdate que el dominio propio es el resultado del Espíritu que mora en ti, no el esfuerzo humano (lee Gálatas 5:23).
DIOS… OS DÉ ENTRE VOSOTROS UN MISMO SENTIR… (Romanos 15:5)
Simplemente no somos compatibles.

Los desacuerdos matrimoniales entran en cinco categorías: dinero, sexo, suegros, hijos y responsabilidades en el hogar. Muchas parejas piensan que si discuten acerca de estas cosas, automáticamente terminan divorciándose.

El conflicto no echa a perder las relaciones. Lo que es importante es cómo lo enfocas, no el hecho que existe. Una mujer dijo: “Mi marido odia la confrontación, así que cuando surgieron los problemas en nuestro matrimonio, él simplemente se marchaba. “Me levanté en armas” y no se arregló nada. Eventualmente aprendimos a hablar acerca de cómo tratar nuestros desacuerdos: él no debe apartarse y yo no debo ponerme histérica. Esto funciona; ahora trabajamos juntos para resolver nuestros problemas”. El enfado es parte de tu “maquillaje” emocional; Dios no se equivocó cuando lo incluyó, pero Él quiere que lo manejes correctamente; el estar alterado no te da permiso para gritar y cerrar las puertas con un portazo. Salomón dijo: “El necio da rienda suelta a toda su ira, pero el sabio, al fin, la apacigua” (Proverbios 29:11). Las palabras precipitadas duelen, y no pueden ser retractadas… David dijo: “¡Temblad y no pequéis! Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad” (Salmo 4:4). En otras palabras, piensa, escucha, y cálmate antes de reaccionar. Y nunca recurras a insultos (lee Mateo 5:22); esto no sirve para otra cosa que para hacer daño intencionadamente a la otra persona.

Vivimos en una cultura de pleitos y venganza, pero un matrimonio que crea represalias enfrentará muchos problemas. El Señor dijo: “No os venguéis vosotros mismos… “Yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19). Por aferrarte a la amargura, es posible que te pongas enfermo física y emocionalmente. Por eso, suéltala y pídele a Dios que llene tu corazón con su amor. ¡Él lo hará!

“DIOS… OS DÉ ENTRE VOSOTROS UN MISMO SENTIR…” (Romanos 15:5)
Ya no estamos enamorados.

¿Oíste acerca de la mujer que puso un anuncio en un periódico que decía: “Se busca un esposo”? Recibió muchas reacciones, y todas dijeron lo mismo: “Se puede quedar con el mío”. En serio, si la negatividad y la amargura están socavando tu matrimonio, es hora de hacer algunos cambios haciendo lo siguiente:

(1) Recordar el pasado.

Probablemente comenzaron como muy buenos amigos. Así que, pregúntate a ti mismo cómo tratarías a tu mejor amigo/a si tuvieras que comentar algunos temas en cuanto a su relación. No siendo crítico/a y estando a la defensiva, ¿verdad? De todos modos, al principio, ¿qué fue lo que os atrajo el uno al otro? ¿Cuándo se enamoraron? ¿Cómo actuaron mientras las cosas marchaban bien? Recuérdalo y repasa sus mejores momentos.

(2) Mantener tus pensamientos centrados en lo que Dios puede hacer.

Pon la mira en las mejores cualidades de tu cónyuge y empieza a creer que el Señor puede dar media vuelta a su relación. Recuerda que tienes más capacidad de lo que piensas para cambiar el concepto que tienes de tu marido/mujer. Por lo tanto, concéntrate en todas las cosas de su matrimonio que son “…de buen nombre…” (Filipenses 4:8b).

(3) Construir otra vez un comportamiento de respeto mutuo.

Enumera algunas de las cosas que sabes que harían feliz a tu pareja, y sé específico. Por ejemplo, abraza a tu esposo cuando llega a casa después de un día duro de trabajo, o ayuda a tu esposa con la lavadora. ¡Muéstrale/a tu dedicación! Re introduce consideración en su relación.

(4) Ver a tu cónyuge a través de los ojos de Dios.

Tratar de amar a otros como el Señor te ama a ti es una buena pauta para todas tus relaciones, no solamente para el matrimonio. Y si no te amas a ti mismo/a, comienza a hacerlo recordando que el Señor dice que estás bendecido/a (lee Efesios 1:3), que eres de gran estima y amado/a (lee Isaías 43:4) y que fuiste hecho/a maravillosamente (lee Salmo 139:14).

Nada puede solucionar nuestra relación. Una mujer preguntó a su amiga: ¿Por qué llevas tu alianza en el dedo equivocado?, y ella le contestó: “Porque me casé con el hombre equivocado”. ¿Te suena familiar? El error más grande que puedas cometer es abandonar la esperanza porque piensas que te casaste con la persona errónea, y que nada excepto un milagro puede salvar tu matrimonio.

Las buenas nuevas hoy son que ¡el Señor todavía hace milagros! Con Él, “…nada hay imposible…” (Lucas 1:37). Cuando los problemas parecen insuperables, es cuando Dios se hace real a nosotros. Jeremías dijo: “¡…Señor…!, Tú hiciste el Cielo y la Tierra con tu gran poder… Nada hay que sea difícil para Ti” (Jeremías 32:17). El problema es que muchos de nosotros viven en la esfera de lo probable, pensando que las cosas probablemente no van a mejorar… que probablemente siempre tendremos problemas acerca del dinero… o que probablemente nos divorciemos. En lugar de esto, deberíamos vivir en la esfera de lo posible. El escritor de Hebreos dijo que la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (11:1). La Biblia dice que los planes de Dios para ti son de paz y no de mal, para darte el fin que esperas (Jeremías 29:11). Si te sientes desalentado acerca de su relación, trata de fijar tus pensamientos en lo que el Señor puede hacer. La Biblia dice que si Lo buscas con sinceridad, Lo encontrarás (lee 2 Crónicas 15:2). Él no es alguna deidad distante que está desconectada de los desafíos de tu vida cotidiana. No, Él quiere tener una relación íntima contigo para usar su poder, transformando tu matrimonio en algo duradero y maravilloso.

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