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Marcelo Ostria Trigo

La democracia puesta a prueba


2017-02-05 - 08:03:32
Con frecuencia, los políticos se declaran demócratas. Esto para justificar políticas, celebrar aciertos o defender fracasos; y, también, para pedir respaldo cuando denuncian conspiraciones para desplazarlos del poder. Y son pocos —si los hay—, los que no ensalzan verbalmente este sistema; claro está, desde muy opuestos puntos de vista. Es más: hay partidos que ostentan el nombre de la democracia, e intentan convencer que su propósito —no siempre verdadero— es respetar las libertades democráticas.

Debido a prevalecientes confusiones, contradicciones e intenciones disímiles, el 11 de septiembre de 2001, los miembros de la OEA aprobaron unánimemente la Carta Democrática Interamericana. Se trata de un documento que pudo haber servido para que los países se plieguen a sus preceptos, es decir que ratifiquen su convicción de que “los elementos esenciales de la democracia representativa (son), entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.

Lo contradictorio y, por supuesto, desalentador, es que en algunos países, cuyos gobiernos han suscrito la Carta, aún rijan gobiernos autoritarios y violadores de los derechos humanos y que atropellan las instituciones, alejados del Estado de Derecho. Venezuela, por ejemplo, fue uno de los países que suscribieron la Carta. Ahora, no hay vestigios de que en ese país se la respeta, y abiertamente se conculca la libertad y los derechos ciudadanos. Es más: se han copado arbitrariamente las instituciones republicanas, entre ellas la justicia, la que, separada de los otros poderes del Estado, debería proteger la vida la honra, la integridad, los bienes y la libertad de los ciudadanos, cualquiera sea su ideología. Claro que hay otros que imitan este mal ejemplo.

¿Cómo se ha llegado a estos extremos? Lo notorio es que las violaciones a la Carta Democrática Interamericana son posibles por una suerte de complicidad de los países miembros de la OEA y de la idea de que los intentos de sancionar a los que violan sus preceptos quedarían, con el tiempo, en el olvido. Pero esto ya no será así; el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, instó a "actuar ya" en Venezuela, y esta vez, los populistas están en minoría.

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