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Álvaro Riveros Tejada

Víctima del KhariKhari


2017-02-19 - 11:23:41
Luego de cinco meses y medio de la luctuosa muerte del ex-viceministro de Régimen Interior Rodolfo Illanes, el minero Josué Caricari se entregó de manera voluntaria a las autoridades policiales, las que a su vez lo derivaron de inmediato a la Fiscalía, donde negó haber actuado en el asesinato de dicha autoridad de gobierno, suscitada el 25 de agosto de 2016 en la localidad de Panduro. Tras un juicio sumario celebrado con la celeridad característica en este tipo de casos, la jueza determinó su detención preventiva en la cárcel de San Pedro, desoyendo benevolentemente el pedido de la Fiscalía de que el imputado sea remitido al penal de Chonchocoro.

Hasta el momento de su entrega, el único cargo que pesaba sobre este minero, ex presidente de la Cooperativa 20 de Octubre de Siglo XX de Potosí, es haber dicho, al fragor del combate, que tenía un ataúd para el viceministro, luego de que éste fuera retenido por los mineros, un cargo que recuerda la oferta gubernamental narrada por el ex dirigente minero y actual aliado del gobierno Pedro Montes, de enviar ataúdes en lugar de tropas de policía o del ejército, en lugar de buscar una solución negociada al enfrentamiento a tiros y con lanzamiento de dinamita que se estaba desencadenando entre mineros, un 8 de octubre de 2006 en Huanuni, con un saldo de 16 muertos y 61 heridos, en un escenario similar al de Panduro.

Lo extraño de este caso es que la celeridad aplicada en esta captura, no haya sido la misma para con los responsables de la muerte de los cinco mineros fallecidos en esa ocasión, y el justificado esfuerzo de las autoridades pareciera estar por ahora concentrado solamente en dilucidar las causas del fallecimiento del ex viceministro.

Según Erbol, el día del asesinato Caricari advirtió, en al menos tres ocasiones, que:“Illanes era el objetivo concreto de una posible reacción de venganza de los cooperativistas, frente a la acción policial para desbloquear la carretera” y que la ex autoridad “estaba en manos de dirigentes, custodiado, no lo tocaron, no le hicieron nada, pero la provocación fue cuando han visto a sus compañeros fallecidos sin manos y a otros muertos con disparos”.

Hoy el desenlace de esta triste como truculenta historia se resume en la centena de desesperados y vanos intentos de Illanes por comunicarse en busca de auxilio con sus camaradas jefes, subalternos, parientes y amigos, que se tradujeron en más de 135 llamadas desde su celular, invocaciones que no obtuvieron respuesta alguna, lo que desvela que fue abandonado a su suerte y que su sacrificio sirvió sólo para aplacar los ánimos exaltados entre socios políticos en franca controversia y para desarticular posteriormente a ese movimiento cerril, sustituyendo sus dirigentes por otros más dóciles. De ahí que Illanes no fue víctima de aquel temido y legendario duendecillo aimara que chupa la grasa de los humanos y se lo conoce como el Kharikhari.

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