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Marcelo Ostria Trigo

Matar en nombre de la fe o de la revolución


2017-09-13 - 10:01:48
Los recientes ciclones que han dejado destrucción y muerte en las costas del Mar Caribe, y el terremoto que castigó una región de México, han sido, con razón, las noticias más difundidas, frente a otras, igualmente dramáticas, que duran mucho tiempo y que no son producto de la naturaleza, sino de grupos de fanáticos empeñados en dominar y sojuzgar pueblos.

Esto no es nuevo; son resabios de épocas signadas por la crueldad que ahora puede ser recurrente. De hecho, hay ejemplos de que persiste el empeño de imponerse por la fuerza; entre ellos, los atentados terroristas de grupos fundamentalistas que creen que es su deber matar a los que no profesan la misma fe, dejando dolor y muerte, y así dominar el mundo.

Por ello, se esperaba una reacción de condena más generalizada al reciente atentado del terrorismo islámico en la rambla de Barcelona. Pero no fue así: hubo grupos de extremistas fanatizados que, sin ser parte del terrorismo, se negaron a condenar ese crimen. Es más: se refirieron al abatimiento de los terroristas por los Mossos d’Esquarda de Cataluña, como ‘ejecuciones extrajudiciales’.

Esto de que para los fanáticos es lícito matar al que no profesa la misma fe, no solo proviene del fundamentalismo religioso, sino también de ciertas corrientes políticas que ensalzan la violencia e instan a liquidar a los que consideran sus enemigos. Son los crímenes de odio que se procura justificarlos como actos en defensa de un proceso político extremista.

Sobre esto de acabar físicamente con los que se oponen a un régimen despótico, trata el artículo “Licencia para matar” del periodista cubano disidente Reinaldo Escobar, publicado en 14yMedio, portal dirigido por la bloguera cubana Yoani Sánchez. “No hay diferencia —dice Escobar— entre matar en nombre de la justicia social, la supremacía de una raza o la imposición de una fe”. “Donde no caben dos la solución (para los violentos) no es amplificar el espacio sino eliminar al que sobra”. Y añade: “Los revolucionarios sospechan que si reniegan de esta máxima perderán el poder que alcanzaron por la fuerza, y que al mostrarse demasiado tolerantes se debilita su autoridad”. Esto se advierte en el anuncio del presidente venezolano que acaba de afirmar que, si para lidiar con la crisis se requiere un dictador, no dudaría en serlo, como si no se notara que su régimen neopopulista es tiránico, pues busca permanecer en el poder empleando la represión, la cárcel, la tortura y la muerte a sus opositores.

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