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Susana Seleme Antelo

No usar el nombre de la democracia en vano


2017-10-04 - 15:08:22
La democracia es un método que le pone límites al poder de quienes pretenden quedarse usufructuando de él “para toda la vida”. Como Evo Morales y compañía, que desprecian sin inmutarse el principio democrático de la alternabilidad en el ejercicio del poder.

La democracia, como convivencia entre diferentes, es una forma de gobierno del Estado, donde el poder es ejercido mediante legítimos mecanismos de participación, como el voto libre, universal, directo y secreto de la ciudadanía. A través de ese voto elige a sus representantes para un período determinado de gobierno que siempre deberá ser transitorio.

Merced al mecanismo de participación, el 21 de febrero de 2016 el pueblo boliviano dijo NO a la modificación del artículo 168 de la Constitución Política del Estado, que permite solo una reelección continua del presidente, en concordancia con el sabio criterio de ponerle límites al poder. Morales y su Vice, vejaron ese artículo, en 2014, cuando forzaron al Tribunal Constitucional (TC)para que los habilitara a una tercera reelección ese año. Las anteriores fueron en 2005 y 2009.

Hoy reeditan esa maniobra ante un TC cooptado como todo el Poder Judicial: uno de sus actuales miembros ya estaba en 2014. El argumento de que se vulnera el derecho de Morales de ser “elegido”, amparándose en el Pacto de San José de Costa Rica, es una osadía que ofende a los dignatarios que propusieron aquel Pacto, en 1969. Entró en vigencia en 1978, en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA) a la que el régimen de Bolivia hostiga cada vez que puede con gruesos adjetivos.

El oficialismo esgrime el derecho de Morales a su cuarta re-re-reeleción sin importar que viole la Constitución y el voto del 21F de 2016. Como a todos los autócratas con ínfulas de “Yo el Supremo” tampoco les importan los derechos humanos de los demás bolivianos. El TC no puede ni debe modificar la Constitución Política del Estado para habilitar a Morales una vez más, pues esa tarea es tuición de la ciudadanía. Si tanto arguyen al Pacto de San José, ¿porque no presentan su recurso de “inconstitucionalidad abstracta”a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)?

Que hoy digan con el mayor desparpajo que nuestro NO ganó “con menos de 1 por ciento” irrita, por decir lo menos. Nosotros, y los del régimen también, sabemos que el NO ganó con mucho más de 10 puntos de diferencia, aunque en democracia se gana por un voto. Como otras tantas veces, hicieron lo que han aprendido a hacer con maestría en más de 11 años de ejercicio de poder: trampas, fraudes y chanchullos.
Que el voto del 21F, sea hoy ‘ninguneado’, es una afrenta a la democracia que ninguno de los del actual régimen luchó por conquistar en 1982, tras 18 años de dictaduras militares, con cárcel, torturas, exilio y muertes. ¿Dónde estaban a pesar de sus años mozos, Morales con 22 años y García, Linera con 19? Tan mozos como muchos de los que dieron su vida por alcanzar la libertad en democracia hace 35 años, que hoy pretenden arrebatarnos a quienes sí luchamos por ella, y también a todo el pueblo boliviano.

La sociedad sabe que la democracia es un desafío permanente en la conquista de igualdad y libertades, dándole herramientas para que sea consciente de sus derechos ciudadanos, de sus derechos humanos y todos los derechos en ellos comprendidos. Por eso nos oponemos a esta maniobra continuista y antidemocrática de los ‘adictos’ al poder. Les da miedo volver al llano, porque tienen demasiada cola de paja en los recovecos de la corrupción sin límites y las violaciones a los DDHH.

No creemos en la ficción ideológica del régimen que se dice marxista, sin conocer las distorsiones hechas a la teoría de Carlos Marx, amén de que aplica y usa todos los resortes del sistema llamado neoliberal, en los hechos, capitalismo puro y simple.

La democracia obliga a desenmascarar a los impostores revestidos de demócratas. A los que cambiaron las bayonetas militares por las guillotinas judiciales, en cualquiera de los Tribunales corrompidos por el Ejecutivo, que acorralan a opositores políticos, a empresarios con extorsiones tributarias, o con los famosos Papeles de Panamá; que asfixia la producción agroindustrial con trabas que frenan su expansión, así como a todo el aparato productivo privado. El acoso llega hasta las universidades privadas productoras de conocimiento, el mayor capital actual. También acosa a la prensa, que no puede ser otra cosa que libre, frente del poder político que se cree absoluto.

No hay que mencionar la palabra democracia en vano. Y mucho menos por quienes la corrompen.

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