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Fernando Rodriguez Mendoza

Fichas de la ignominia


2017-11-08 - 20:24:32
Hay muchas maneras de denigrar a los semejantes y hay individuos que utilizando instituciones lo hacen con la satisfacción íntima de sentirse superiores; después de ver ese negativo comportamiento se siente impotencia, porque se encuentran cobijados en instituciones llamadas para servir y sus conductas muestran lo contrario. Todo comportamiento que denigre a otros es repugnante, pero se agrava cuando esas conductas negativas se aplican a niños, ancianos o enfermos.

Todas las cajas de salud, eliminando el factor Estado, viven de los aportes patronales que la empresa privada está obligada a realizar mensualmente con el 10% del monto del total ganado de cada uno de sus empleados. ¡Ay, Señor!, si una empresa no paga un mes, se suspende la atención a sus trabajadores, sin importar la gravedad de sus dolencias o enfermedades. No es de poco dinero que estamos hablando, los aportes patronales a las cajas de salud son cuantiosos y lo menos que se espera la atención a los empleados con seriedad y responsabilidad. No me refiero al cuerpo médico o de apoyo como enfermeras, camilleros y otrosque sí se sacrifican para cumplir sus responsabilidades; sino a ese monstruo de 1.000 cabezas que son los burócratas administrativos que manejan las cajas de salud.

En una de las cajas de salud, no sé si en las otras es similar, los enfermos se ven sometidos a un martirio para conseguir una ficha y ser atendidos; pero ahí no termina, pues después de esperar de pie toda una noche para que al amanecer tenga la suerte de conseguir una ficha, viene otra estación del vía crucis porque le señalan tres o cuatro meses después la fecha en la que será atendido y si lo atienden, reciben una receta con medicamentos que la farmacia de esa institución no tiene y el paciente debe acudir a las farmacias privadas para adquirirlos con su propio peculio y a veces no le alcanza.

No es una novela, lo anterior es la realidad, de miles de enfermos asegurados que, además de sus dolencias, deben encontrar resignación porque es un problema de nunca acabar.

Permítanme colocar una cereza en la torta de la ignominia, una caja de salud tiene un sector de emergencias en el que los enfermos graves deben esperar a veces en el suelo, pero cruzando la calle ha construido un moderno edificio para el trabajo de su personal administrativo. Un problema de nunca acabar porque no hay un dueño, debieran ser los empleadores que pagan los que reclamen hasta hacerse oír. Alguien decía que no estamos mal, pero cada día estamos peor.

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