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Marcelo Ostria Trigo

Entre la frustración y la esperanza


2017-12-07 - 20:26:52
Se acerca 2018 y aún no conseguimos ver la luz al final del túnel. Peor aún: estamos perdiendo la ilusión de salir de la oscuridad para encontrar opciones buenas. Esto esparce el temor y aumenta la idea de que estamos lejos de vivir en plena libertad o que será alcanzable nuestro anhelo de progreso. No es nuevo: ya van casi 200 años de desventuras y desencantos que se repiten.

Para aumentar la frustración, persiste la sensación de que no somos capaces ni estamos resueltos a edificar una nación con porvenir; lograr que nuestro espacio en el planeta sea propicio para alcanzar bienestar y libertad. Tampoco el recuerdo de nuestro pasado contribuye al optimismo: perdimos guerras y, la que ganamos en Ingavi, no se la recuerda ni se le rinde justo homenaje con el fervor que a revoluciones o al encumbramiento de la ignorancia y el abuso neopopulista.

Nos aferramos a la versión de que nuestro país es muy rico y que nos espera un futuro promisorio; que es cuestión de tiempo para lograr que conformemos una sociedad justa, desarrollada y sin sobresaltos. Pero la duda crece, pues no termina el desencanto y la frustración del presente.

Causa desaliento referirse a los repetidos fracasos. Pero el silencio solo es la respuesta de los que han perdido la esperanza y el valor de enfrentar y superar el infortunio inducido por nosotros mismos. A esta generación le queda poco tiempo para encontrar salidas honrosas al estado calamitoso de una sociedad sin plena libertad. Solo nos toca confiar en el despertar de los que van a heredar este suelo patrio, todavía marcado por los que quieren ocultar carencias y negar que el actual modelo impuesto ya es símbolo de ineficiencia, corrupción y
de negación de las libertades democráticas.

El continuismo, ahora ‘legalizado’ nada menos que por un órgano judicial parcializado, muestra que se ha llegado al absurdo de creer que los del poder todo lo hacen bien y que, por ello, merecen quedarse eternamente.

También se pretende ignorar que la era de bonanza -ya perdida, por cierto- que se debió a los altos precios de lo que exportamos y que aún encandila, ya ha terminado, y persiste en el testarudo afán de quedarse en el poder para siempre. Sin embargo, hay que tener presente que la esperanza es lo último que se debe perder. Esto deberá dar ánimos a las nuevas generaciones para lograr lo que, hasta ahora, no hemos podido nosotros.

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