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Marcelo Ostria Trigo

Gatopardismo


2018-01-25 - 19:16:00
“Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie", es una afirmación que figura en la novela El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957). Así, se ha tipificado el gatopardismo como una conducta política marrullera de ofrecer cambios sin el propósito de cumplir lo anunciado.

Uno de los rechazos ciudadanos fue a la reciente promulgación del llamado Código del Sistema Penal, inicialmente objetado por los médicos y, luego, por varios sectores ciudadanos que advierten que su aplicación atentaría contra las libertades democráticas y los derechos humanos, y consagraría la persecución política a quienes se opongan al régimen, contrariando así la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU: “Es esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”. La petición y la protesta son derechos humanos.

Pero la protesta no se limita al mencionado código exigiendo su abrogación; va más allá: se pide también que se anule el írrito fallo del Tribunal Constitucional que desconoce la Carta Magna, dando lugar a la reelección presidencial continua y sin límites.

Los paros y bloqueos de calles y caminos mostraron el malestar de la ciudadanía. Y esto, como era de esperar por el vigor demostrado por el pueblo, preocupó al oficialismo que inicialmente decidió eliminar dos artículos del nuevo código; luego propuso que se abra el término de un año para considerar posibles modificaciones del Código Penal y ahora anunció que está pidiendo a la Asamblea Legislativa que abrogue todo el código. Aunque, siempre con algo más: se afirmó que serán pocos los artículos a reformar y, nuevamente, que se “espera elaborar otra norma con el consenso de los sectores sociales”.

El conflicto no está resuelto, pues se advierte la intención -siempre oculta- de dar participación a unos movimientos sociales adeptos al MAS que, además de carecer del imprescindible rigor jurídico actuarían, como siempre, bajo consignas sectarias. Esto con la esperanza de que, a la larga, se desvanezca la protesta y, luego, persistir en la intención de consagrar lo que ahora irrita a los ciudadanos.

Estos anuncios oficialistas podrían caer en el gatopardismo: se dice que se va a cambiar para que nada cambie. Porque si hubiera la intención de cumplir con el pueblo, se abriría una auténtica etapa de reflexión, convocando a todos, especialmente a quienes tienen idoneidad para proyectar una adecuada ley penal.

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