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José Percy Paredes Coimbra

Lula, la lucha continúa


2018-04-09 - 11:59:33
Luiz Inácio “Lula” da Silva, un obrero metalúrgico, líder sindical y ex presidente del Brasil, un luchador por la justicia social, por la igualdad de oportunidades, por la construcción de un país más humano, democrático e incluyente, fue presidente del Brasil, por primera vez en el año 2003 y llevó al Partido de los Trabajadores al poder.

Elevó al PT al poder político del gigante país hermano y desde allí comenzó a hacer realidad el sueño donde todas y todos puedan tener por lo menos tres comidas al día, donde nadie se vaya a dormir con hambre, donde todas y todos tengan acceso a la educación y a la formación profesional, donde los niños no tengan que arriesgar sus vidas trabajando en las calles de ciudades hasta entonces deshumanizadas.

Lula se enfrentó a la élite, él el PT y todas las personas que votaron por él, se enfrentaron al poder de las élites dominantes, se enfrentaron a las élites que no tuvieron vergüenza alguna de aliarse y apoyar los gobiernos militares, dictadores, con tal de mantener su posición de poder, con tal de mantener sus privilegios, aunque éstos fueran robados.

El Brasil que recibió Lula, de acuerdo a un informe de Naciones Unidas, era un país con profundas diferencias entre ricos y pobres, entre quienes acceden a salud, educación y vida sana y los que viven por debajo de la línea de extrema pobreza; un país con profundas diferencias de clase, donde la pobreza tiene color y género: “más del 70% de las personas que viven en la pobreza extrema en el país son negras; 64% no terminan la educación básica; 80% de los brasileños analfabetos son negros; los salarios medios de los negros son 2,4 veces más bajos que el de los blancos. En Río de Janeiro, el 80% de las víctimas de homicidios resultantes de las intervenciones policiales son negras. Las tasas de asesinatos de mujeres también tienen una clara dimensión racial. Entre 2003 y 2013, el asesinato de mujeres blancas cayó un 10%; y en el mismo período, el de mujeres negras se elevó un 54%”.

Estas cifras, indican el racismo y discriminación de una clase acostumbrada a dominar, desde la colonia, a la gran mayoría del pueblo que a partir del 2003 tuvo el valor de decirles: YA BASTA!
Con su derrota en las urnas, una y otra vez, la clase dominante se ha convencido de que si no puedes vencer a la democracia, debes vaciarla. Transformarla en algo que sea superfluo, inútil, despreciable, vacio; algo que no de esperanzas de mejores días, de posibilidad de cambios, transformar a la democracia en sólo una palabra a utilizar en discursos y nada más.

Entonces, en ese 2003, comenzó a urdir su plan que ayer, con la entrega de Lula a la policía para cumplir doce años de prisión, que lo inhabilitan a presentar se a las elecciones de este año y próximas, a pesar de ser el líder con mayor intención de voto en el país, finaliza su primera etapa: Proteger la corrupción y quitar del pueblo el poder de gobernar. Dos objetivos de la élite al alejar a DilmaRousseff del gobierno legítimamente obtenido y al lograr(finalmente, aunque sin pruebas contundentes), encarcelar a Lula.

Aunque hoy quiero hablar de Lula, no puedo dejar de reconocer que Dilma fue la presidenta que consolidó toda la política social de Lula en sus dos primeras gestiones como presidente y ella fue más allá, siguiendo probablemente la línea del partido en el sentido de lograr que las grandes mayorías del país, puedan acceder a la educación, a la profesionalización, a la salud y a viviendas dignas con sus planes: “Mas Médicos”, “Mi casa, mi vida” y el hecho de que la inscripción en las Universidades, desde 2003 hasta la fecha cuadriplicó, quitando a las clases dominantes el usufructo exclusivo sobre las superiores casas de estudio.

Entre Lula y Dilma, hicieron que el Brasil sea reconocido como gran nación a nivel mundial, sea visto y reconocido como un hermano latino americano, a diferencia de los tiempos de las dictaduras, cuando se auto aislaba. Brasil se volvió un referente, justamente porque demostró que se podía crecer económicamente y aplicar políticas sociales progresistas de avanzada.

Obviamente esto no fue bien visto por las élites, que como sabemos, hacen lo que sea necesario para revertir situaciones que las afectan. El Plan que urdieron, comenzó con la destitución de Dilma en el 2016, en una vergonzosa y descarada actuación del parlamento brasilero, donde la principal cara, el principal promotor de este show que insistió, a pesar de no tener argumentos sólidos, en destituir a la presidenta constitucional del país, por supuesta corrupción.

Noam Chomsky, escribió el 17 de mayo del 2016 en DemocracyNow: “Dilma está siendo sometida a juicio político por una banda de ladrones.”
Hoy Dilma, la presidenta constitucional del Brasil está libre, pero Cunha y todos los que votaron por su destitución en el golpe de estado moderno, están presos con sentencias que oscilan entre los 15 y 30 años. Entonces, quienes eran los corruptos? Quienes los ladrones?

Lo mismo ocurre hoy con Lula; la élite no se puede dar el lujo de permitir que Lula gane las elecciones (sabemos que él es el que tiene la mayor intención de voto del electorado brasilero, a pesar de las mentiras y del bombardeo mediático), y por eso necesitó buscar su muerte civil, necesitó mostrar que Lula es corrupto, aunque no lo pueda demostrar!

En esta línea seguirán las cuestionadas investigaciones del juez Sérgio Moro, del Fiscal General, Rodrigo Janot, y de todo aquel funcionario, político, delincuente o delator que pretenda aspirar al Golden Globe de la justicia brasileña.

Brasil, el país de todos, convertido ahora en el laboratorio de experimentación de un nuevo tipo de golpe institucional que puede extenderse por todo el continente. La aniquilación de la soberanía popular, base de la democracia y su substitución por una república de autócratas corruptos.

En el Brasil el autoritarismo es la característica estructural de una sociedad oligárquica, vertical, jerarquizada, que opera exclusivamente con los principios de la desigualdad, del mando y la obediencia.

Podemos comparar la tragédia que hoy vivimos con el golpe militar de 1964, con la farsa del impeachment que destituyó a Dilma en 2016 y ahora el encarcelamiento del ciudadano LuizInácio Lula da Silva; estos episódios tienen en común el odio contra la democrácia y lo que significa; el profundo desprecio de las clases dominantes brasileñas hacia la democrácia y la voluntad popular.

En su último discurso en libertad, frente a miles de personas que le pedían que no se entregara a la policía, Lula sentenció:
"Voy a cumplir la orden de cárcel (...) y cada uno de ustedes se trasformará en un Lula (...), saldré de ésta más grande, más fuerte, más verdadero e inocente porque quiero demostrar que fueron ellos quienes cometieron el delito político de perseguir a un hombre que tiene más de 50 años de historia política.

No voy a parar porque ya no soy un ser humano, soy una idea, una idea mezclada con vuestra idea.

De lo que ellos no se dan cuenta es de que cuanto más me atacan, más crece mi relación con el pueblo brasileño”.

Lula hoy está preso, pero como el mismo dijo, pueden apresar al hombre pero no a sus ideas y sus ideas ahora están en muchos miles de seres humanos que llevaran adelante su legado, el estará presente en cada acto, en cada manifestación del pueblo brasileño, en la búsqueda de justicia y desarrollo social.

Hasta la Victoria… siempre, hermano Lula!
Venceremos!

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