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José Percy Paredes Coimbra

Los que organizan la opresión


2018-05-04 - 14:06:08
Cuando hablaba de nuestro hermano Brasil y de la lucha de clases que allí se dio, quedando por el momento la clase obrera, el pueblo de “a pie” nuevamente sometidos a viejas roscas, a las élites y sus serviles sirvientes, lo hacía pensando en que Brasil fue la cara más visible de la intolerancia de clase, mejor dicho, de la intolerancia de una clase que se cree dominante hacia el pueblo trabajador, del campo y de la ciudad.

Allí, con mucho esfuerzo y sacrificio, los intolerantes y los déspotas fueron derrotados, en las urnas, por la clase popular. Sucedió que por el voto directo, en elecciones nacionales, las clases que se acostumbraron a vivir a costas del trabajo de los demás, a costas del Brasil, no pudieron arrebatar el poder del pueblo, entonces iniciaron una agresiva campaña mediática, acompañada de movimientos políticos dentro del Parlamento y, en el 2016 logran dar un golpe de Estado a la presidenta constitucional DilmaRousseff. Sigue el Plan (como ya mencioné en anterior artículo) y evitan que LuizInácio “Lula” da Silva pueda presentarse a estas y a futuras elecciones; en un juicio amañado determinan su encarcelamiento.

Logran quitarse de en medio a los líderes del Partido de los Trabajadores – PT – por el momento, sin embargo el golpista Michel Temer, ni bien asume el sillón presidencial comienza a desmantelar todo lo avanzado por Lula y Dilma en materia social, faltando sólo el golpe de gracia al sistema de salud, porque políticas educativas, becas de estudio, bonos (de desempleo, de estudio), bolsas de alimentos, acceso a viviendas y préstamos a bajas tasas para pequeños emprendedores, ya fueron anulados y, como era de esperar, los impuestos (y con ello toda la canasta familiar) se elevaron a las nubes y fueron implementados con mayor énfasis en la población trabajadora, no así al empresariado.

Los ladrones de “cuello blanco”, las élites que siempre se aprovecharon de las ventajas de actuar como dueños del país sin que nadie se les opusiera, ya no pudieron tolerar que la clase trabajadora del campo y la ciudad tenga un mejor nivel de vida, que puedan llevar alimentos a sus familias y comer tres veces al día, que la clase media pueda viajar dentro y fuera del país. Los viejos partidos y sus viejas mañas volvieron, por ahora.

Ante este panorama, tanto en Brasil como en Argentina, pienso en Bolivia, en nuestro país que, tal vez de manera más sutil, siguiendo la línea del golpe suave, está sufriendo la arremetida de esa misma clase que se cree dominante, que se cree y nos quiere hacer creer que son dueños del país.

La situación es muy parecida con la del Brasil; obviamente no se van a atrever intentar un juicio político (no tienen mayoría parlamentaria), tampoco intentarán enjuiciar a los líderes del MAS (no tienen un aparato político lo suficientemente sólido como para inventar una mentira y mantenerla con pruebas y testigos falsos), lo que si van a intentar hasta el cansancio es desprestigiar cualquier medida o intervención que realice nuestro hermano presidente Evo Morales.

Hoy podemos escuchar, leer y ver el triste teatro realizado por aquellos que en el pasado fueron autoridades nacionales; quién fuera ministro y se aprovechara de ese cargo para sofocar/asfixiar a las familias cementeras de Santa Cruz y Chuquisaca obligándolas a vender sus empresas a precios irracionalmente bajos y así transformarse en “el cementero”, rasga vestiduras y exige que se respete al pueblo, que se hagan políticas sociales justas; hace propagandas en televisión, radio y prensa escrita diciendo que apoya a los pequeños empresarios, a los jóvenes, y que por su cuenta ayuda a crear nuevos empleos.

Me pregunto... ¿por qué cuando fue ministro no le preocuparon los ciudadanos y las ciudadanas bolivianas?, porqué cuando tuvo el poder de hacer algo por las y los empresarios bolivianos no lo hizo?
Cualquiera que busque la prensa de esos años, encontrará que ese ministro se dedicó a enriquecerse utilizando su alto rango para crear y aprobar leyes, aplicar impuestos leoninos y asesinar a quienes pensaban diferente. En esos años, también se valió de la mentira para lograr sus intereses mezquinos, para aliarse con quienes le darían mucho dinero a cambio de favores oscuros. Y el cementero es sólo uno de los tantos que ayer pudieron hacer algo por Bolivia y los bolivianos y no lo hicieron; pero ahora, cínicamente, aparecen en la palestra pública exigiendo fuentes de empleos, exigiendo apoyo al empresariado, exigiendo todo aquello que no hicieron en su debido momento.

Para ellos dejo las palabras del profeta Isaías: “Pobres de aquellos que dictan leyes injustas y ponen por escrito los decretos de la maldad. Dejan sin protección a los pobres de mi país; roban a los pequeños sus derechos, dejan sin nada a la viuda y despojan al huérfano! (...) pero a Yavé no se le ha pasado el enojo, aún sigue con la mano amenazante.”

Hoy somos los pobres y los oprimidos quienes estamos en el poder, quienes estamos corrigiendo sus decretos y leyes injustas, quienes los vamos a dejar en evidencia. Sus mentiras se las llevará el viento y los hechos demostrarán quienes en verdad son.

El señor de los ejércitos nos bendijo y nos llevó a la victoria, nos acompaña y apoya para que los pobres y desposeídos de nuestro país, reciban lo justo, sean tratados dignamente y el vivir bien, planteado por nuestro gobierno, se consolide e institucionalice para que nunca más nos veamos humillados.

Jallalla Bolivia!

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