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Dante N. Pino Archondo

Con un plan para matar


2018-06-05 - 14:53:41
Un día antes del 17 de octubre, fecha en la que renunció a la Presidencia de la Republica Gonzalo Sánchez de Lozada el señor Carlos Mesa Guisbert declaraba por los medios de comunicación que: “Me han preguntado si tengo el valor de matar y mi respuesta es no, ni tendré mañana el valor de matar, por esa razón es imposible pensar en mi retorno al gobierno, porque la defensa de los principios éticos, una visión moral y un concepto básico de defensa de la vida, me impiden volver a formar parte del actual gobierno de la Nación”.

Esa declaración marcaba no solo una posición curiosa de dar “un paso al costado” es decir: seguir sin estar, sino que además remarcaba una acusación brutal como es la de acusar al presidente de querer matar, de tener el valor para matar. Les decía a los bolivianos que su gobierno tenía ese valor, pero él no.

Con esta terrible acusación Mesa Guisbert inició su carrera a la presidencia. Y dejaba en la memoria colectiva la idea de que el gobierno, al que pertenecía, había desencadenado una ola de violencia con el propósito de matar y que esa fue la causa que lo llevó al desastre.

Tal mensaje, adquiere una dimensión diferente, quince años después, cuando luego de substanciado un juicio en los Estados Unidos de Norteamérica, por un grupo de ciudadanos bolivianos encabezados por un aventurero dedicado al rock de nombre Tomas Becker, el juez de la causa James Cohen decidió que: “no se ha presentado evidencia alguna de que su Gobierno hubiera concebido un plan para matar civiles", y reafirma que: "Los demandantes no presentaron ninguna evidencia" de un "plan concebido para matar civiles" desestimando la demanda.

Mesa afirmó que el segundo gobierno de Sánchez de Lozada tenía el valor para matar y de esa manera le colocaba un sello infame. Pero la historia tiene sus propios caminos y devela, a veces, con intensidad la verdad echando al foso de la infamia los relatos que se tejen en las sombras.

Quince años después podemos mirar lo acontecido con mayor objetividad. Es pertinente preguntarse con serena reflexión que fue entonces lo que realmente paso en ese octubre del 2003. ¿Cómo es que se llegó a un punto de no retorno, considerando al vencido como genocida y al vencedor como héroe? ¿Qué fuerzas lograron hacer creer a millones de bolivianos que en ese helicóptero que dejaba la residencia presidencial se iba el mal, cuando en realidad se iba la democracia y la demostración de que era mejor renunciar a generar una violencia fratricida? Si el gobierno tenía el valor para matar entonces porque no desafío a la conspiración y reprodujo un baño de sangre, si tenía un plan para ello, ¿por qué no lo ejecutó hasta las últimas consecuencias y en vez de ello decidió renunciar al mandato constitucional que tuvo?

Pero ahora sí tenemos un gobierno con un plan para matar. Un plan que se viene ejecutando desde hace doce años. Son hechos; no imaginarias suposiciones, que se produjeron sin parar con el propósito de sostenerse e imponer sus condiciones. Para hacer aprobar una constitución antihistórica mató, para legalizar el juqueo en las minas mató, para acusar de separatismo a quienes abanderaban las autonomías asesinó con sangre fría, para encarcelar a gobernadores de la oposición incendió y mato en Cochabamba y desató la muerte en Cobija, matar es lo que saben hacer. ¡Ahora sí hay un plan para matar!

Y son ellos, los que tienen las manos manchadas de sangre y la boca llena de coca, los que pretenden erigirse como jueces para acusar a quienes demostraron tener una conducta democrática aún en los momentos más difíciles que fueron provocados de una manera planificada y financiada desde el extranjero.

Baste comparar la conducta de quienes son y practican la democracia y de quienes abjuran de ella en nombre del socialismo que imponen gritando ¡patria o muerte! Ahí esta en ese grito condensado el deseo de matar. Tan serio es esto que hace unas horas atrás el Ministro de Gobierno de Evo Morales amenazaba con reproducir otra Venezuela, a quienes se atrevan a disentir de los “mandatos del gobierno” Ahí está el universitario de la UPEA muerto por reclamar presupuesto para estudiar mientras el presidente se pasea por suntuosas oficinas de costo millonario.

Este es un gobierno con plan para matar en defensa del único tesoro que tienen: la coca y sus derivados.

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