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Fernando Rodriguez Mendoza

Luces y sombras del proceso de cambio


2018-08-14 - 20:09:57
Con la vigencia de la nueva Constitución, el 7 de febrero de 2009, se instauró el llamado “proceso de cambio” destinado a remecer en lo más profundo de la vida de Bolivia, en todas sus instituciones, en la economía, medios de producción e ingresar con una visión de futuro para procurar insertarse en el mundo desarrollado. A casi dos lustros, vemos que ha tenido luces y sombras como toda acción humana y que no puede escapar al relativismo propio de la realidad.

Uno de los principales logros en este proceso, ha sido la inclusión social, que ha permitido superar casi200 años desde que se fundó Bolivia, en el que imperaba inicialmente de frente y luego con matices más grises que blancos un racismo disfrazado de folclore y discriminación, generalmente por el tono más oscuro de la piel, que postergóa generaciones de bolivianos en su formación personal y en su aporte que debían hacer a la sociedad.

Otro logro importante y que tiene directa incidencia en la vida económica del país, ha sido sacar de la pobreza a millones de bolivianos, incluyéndolos en una clase media en la que impera definitivamente el mestizaje. A decir de un pensador, estos aspectos generaron la construcción de otra multiculturalidad y la edificación de otra interculturalidad, como ya la vivimos en las principales ciudades del país, lo que se mostrará en su verdadera dimensión cuando se retome y recupere el concepto de que las instituciones son pilares de sostén de cualquier Estado y el ciudadano boliviano que las conforma.

Hubo un estancamiento en dos aspectos fundamentales: la salud y la educación. Es triste reconocer y ver que la mediocridad de las políticas en estos ámbitos de los llamados gobiernos neoliberales o incluso los anteriores, no ha podido ser superada en el proceso de cambioy se han utilizado más los discursos que una aplicación real y efectiva que mejoren la salud y educación del boliviano, que sigue sufriendo los avatares de la pésima atención médica y una educación que teme dar examen a escala internacional, porque sabe que sigue en los mediocres parámetros del pasado.

Y en la otra punta del proceso de cambio se han mantenido las políticas del pasado, de darle más valor y preeminencia al desarrollismo extractivista. Como podríamos ser un país en desarrollo si no se tienen industrias, tecnología y conocimiento que son los motores con los que funcionan las sociedades modernas, y más bien, por el contrario, aumenta cada día la economía informal que destroza el crecimiento serio y formal de todo un país que sigue sumergido en las turbias aguas de la mediocridad.

Un estudio de la Fundación Adenauer muestra que entre 1900 al 2015 Bolivia tuvo más periodos de crisis que de auge y los momentos de bonanza no fueron aprovechados de manera eficiente.

En 193 años desde la creación de Bolivia, el boliviano ya está curtido en la decepción y en los cambios que prometen los diferentes gobiernos y en el incumplimiento de estos, pero, también el boliviano no pierde la esperanza de que en verdad hagamos, formemos y trabajemos para procurar el desarrollo de Bolivia, que algún día será.

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