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Dante N. Pino Archondo

Carlos Mesa explica y se complica


2018-10-05 - 19:05:05
El expresidente Mesa tuvo la habilidad de presentar su mea culpa tratando de explicarnos el cómo y por qué tuvimos un fallo adverso en la Corte Internacional de Justicia, desgranando un razonamiento alambicado para extraer del error el licor de la sabiduría.

Nos dice que la Corte no fue revolucionaria, fue conservadora y que no se animó a cambiar las reglas de juego del derecho internacional convirtiendo a negociaciones o diálogos que tratan un asunto de interés mutuo en obligaciones de carácter jurídico que obligan a las partes a cumplir, bajo el concepto de derechos expectaticios.
¿Qué se debe entender como derecho expectaticio? Aquel derecho que nace de las negociaciones u ofrecimientos que se repiten a lo largo de un período y que terminan por generar una obligación. Esta fue la idea, que dio vida al concepto y que luego se transformó en el planteamiento revolucionario que se llevó a la Corte.

¿Fue serio y responsable llevar ante la Corte un planteamiento jurídico innovador que era un experimento jurídico, con un asunto tan delicado como nuestra demanda marítima?

¿Es que a nadie se le ocurrió preguntar a los juristas internacionales si era pertinente tratar una nueva teoría como base de sustento en la demanda? Parece que no, que el entusiasmo pudo más que la cautela o el cuidado de medir los alcances de tal atrevimiento.

Los hechos históricos, a los que el señor Mesa es tan afín, le jugaron una mala pasada. La presentación de esos sucesos, en los cuales Bolivia y Chile dialogaron, presentaron propuestas o ideas de solución y borradores de posibles salidas al impase, pensó que se convertirían en derechos expectaticios, bajo el razonamiento dialéctico de que la cantidad en un momento se convierte en calidad.

Tantas veces se prometió esto y aquello que de tanto repetirse la promesa adquiere un estatus de derecho exigible. Este razonamiento es el que, de acuerdo al criterio del señor Mesa, la Corte no quiso aceptar y por tanto, prefirió actuar en derecho, pero no en justicia.

La Corte actuó en derecho ciertamente, porque lo otro era actuar en aventuras, era navegar por mares desconocidos, que hubieran convertido a toda negociación inconclusa en derecho de una de las partes. Y al actuar en derecho actuó en justicia. Nos dijo a los bolivianos que negociar una y mil veces sin tener un documento final donde las partes finalizan la negociación, no genera obligaciones.

Y con esa explicación concreta demolieron los ocho pilares jurídicos que el equipo de juristas aventureros y revolucionarios del derecho internacional se atrevieron a pedirle que se uniera en una nueva forma de mirar las cosas. Que duele, duele, ni duda cabe. La Corte no juega a la revolución.

Desde niños se nos inculcó y seguimos haciéndolo que tenemos derecho de exigir nuestro retorno al océano pacífico, la Corte nos dice que Chile no tiene obligación de negociar con nosotros una salida soberana al Pacífico. Y con este escueto fallo, dio por concluido mas de cien años de insistencia sobre un derecho expectaticio.

Llegamos a este resultado porque nuestros representantes jugaron a la revolución jurídica mundial, tratando nuestra demanda marítima como un tubo de ensayo y el resultado fue explosivo.

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