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Dante N. Pino Archondo

Perspectivas económicas


2018-11-07 - 21:36:12
Tendrán que transcurrir los 14 años de gobierno para finalmente poder evaluar los resultados de la aventura populista en la que nos embarcaron. Una de las potencialidades que tiene la economía es el de poder determinar la tendencia de las grandes variables macro económicas, en base a los resultados reales que se han obtenido durante un determinado tiempo de estudio. No se trata de adivinar lo que podría ocurrir, sino de determinar lo que es mayormente probable que suceda, dadas las condiciones de contexto interno como externo que se tienen.

La base de esto, es la aplicación de un modelo que según el gobierno debía tener como objetivo la calidad de ser social, comunitario y productivo, implementado una política económica para repotenciar al Estado y desde esa fuente expandir el crecimiento de la economía en todos sus niveles. La idea central era convertir al Estado en lo que ya fue desde los años sesenta del siglo pasado, retornando al viejo modelo de volver a tener empresas públicas e intervenir en el mercado para limitar la actividad privada.

Ese modelo se alimentó de la deuda externa para solventar los déficits fiscales y comerciales crecientes, deuda que condicionaba al Estado a reducir su gasto tanto corriente como de inversión, habida cuenta de los precios internacionales de las materias primas, minerales e hidrocarburos, que nos daban ingresos por debajo de los requerimientos que demandaba el Estado y sus empresas.

Este ciclo duró 30 años, periodo que vivimos entre el péndulo político de gobiernos militares que iban de la izquierda a la derecha sin cambiar la base estructural de la economía que se asienta en la dependencia de los precios de las materias primas que exportamos y son la base de los ingresos que tenemos para atender la demanda interna. Hasta que el modelo se agotó, porque los déficits fiscales y comerciales no se podían cubrir debido a que ya no teníamos capacidad de endeudamiento y la emisión monetaria sin respaldo inició un proceso inflacionario que desató la protesta popular a finales de los setenta y que concluyó con la reducción del mandato del presidente Siles Suazo.

En este entorno nació el D.S. 21060 y fue la dolorosa receta inevitable que tenía que aplicarse para evitar el colapso nacional. Esta medida no fue comprendida por toda la sociedad y especialmente por sectores de la izquierda política, yo me acuso entre ellos, se la calificó de neoliberal y de antinacional. La dirección sindical no entendió que el Estado había agotado el modelo y que no se podía sostener el gasto fiscal acostumbrado e insistían en mantenerlo vigente. Durante el período de 1985 a 1993 el Estado siguió sosteniendo a sus empresas públicas que eran deficitarias.

El D.S. 21060 no privatizó nada, lo que hizo fue estabilizar la economía, liberando precios, disminuyendo subvenciones y congelando salarios, reduciendo el déficit fiscal y de esta forma mejorar la capacidad de endeudamiento para proseguir con proyectos sociales necesarios. Fue en 1993 cuando se produjo la capitalización de las empresas monopólicas del Estado y la transferencia al sector privado de las empresas publicas dedicadas a la producción de bienes y servicios. Tampoco hubo comprensión para este proceso y se lo calificó de “vende patria”.

La resistencia al D.S. 21060 como a la capitalización no son nuevas ni comenzaron el 2005 cuando el MAS llega al gobierno. La intelectualidad de izquierda, esa que gusta del wiski y el caviar en los salones de la burguesía, siempre tuvo calificativos despectivos para estos dos procesos junto con las ONG camufladas en la defensa de los derechos humanos y del Estado como benefactor de los pobres, ambos nunca dejaron de señalar a estas medidas como las causantes de la situación de pobreza en el país.

Veamos ahora en que estado se encuentra el Estado. Luego de trece años de ejercicio del gobierno la dependencia del Estado respecto a los mercados internacionales de las materias primas no ha variado un ápice. Suben los precios en el mercado (2008 al 2014) y tenemos ingresos suficientes para cubrir nuestros gastos fiscales, período de bonanza, en el cual el Estado o mejor dicho el Gobierno se atribuye el resultado y decide retornar al pasado: volver a tener empresas públicas, crear bonos sociales, subvencionar la gasolina, diésel oíl y endeudarse a la par de gastar como vals peruano, sin medida ni clemencia. Periodo de caída de los precios (2014 al 2017) retorno a los tradicionales déficits fiscales y comerciales, mayor endeudamiento externo e interno y perdida de reservas internacionales, signos claros de desaceleración en el crecimiento económico.

Suponiendo que el gobierno pueda renegociar los contratos de gas con el Brasil y la Argentina al menos con precios favorables y que podamos sostener volúmenes de exportación acordes a la demanda de estos países, que tengamos el grifo de la deuda externa abierto, que seamos capaces de reducir el gasto fiscal y sostener una caída de las reservas internacionales importante, podríamos tener un PIB algo menor al 4 por ciento, esto es moverse en la cuerda floja.

Lo cierto es que el gobierno ya no tiene el mejor escenario para negociar el gas con Brasil y Argentina, lo cual significará menores volúmenes de gas demandados y precios menores en relación al mercado, por tanto debemos inferir que el fisco tendrá menos ingresos y mas demanda del propio gobierno central, gobernaciones y alcaldías, esto nos mueve ha una escena de movilizaciones y pedidos que irán in crescendo, a la par de un mercado internacional renuente a seguir otorgando crédito junto con unas reservas internacionales que apenas podrán solventar siete meses de importaciones, más el crecimiento de la deuda interna financiada por el Banco Central con su efecto sobre los precios y los niveles de inflación. Nadie desea esta proyección, pero es el camino por el que vamos. Pensemos que aún estamos en condiciones de aminorar los impactos de la desaceleración actual si el gobierno estaría dispuesto a reducir el gasto, pero no es así, al contrario, los está incrementando ofertando salud gratuita, aumentando el nivel de capital de los gremiales para no pagar impuestos, regalando movilidades a dirigentes sindicales y actuando como mono con navaja.

Estamos en un precaria situación de equilibrio y lamentablemente ingresamos a un período electoral donde todos ofrecen todo lo que no pueden dar. El entorno interno no facilita la adopción de ajustes fiscales necesarios y el entorno externo que es ideológicamente adverso al gobierno tampoco le facilitará las negociaciones sobre el gas. Este sería el escenario posible por el que se encamina la situación nacional.

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