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Dante N. Pino Archondo

¿La Ley por encima del pueblo?


2018-11-13 - 19:32:54
No será la primera vez que le damos la espalda y nos alejamos a prisa como temiendo que nos vean el rostro, que nos identifiquen y nos señalen con el dedo, tampoco será la primera vez que nos negamos a nosotros mismos, que habiendo podido ir por el camino correcto tomamos el atajo, porque nos ahorra dificultades y nos permite justificarnos como seres pragmáticos, realistas e inteligentes.

La ley es un incordio, una molestia algo así como una espina que nos duele. Y a eso se refiere el presidente Morales cuando dice que la ley no puede estar por encima del pueblo. No es el primero en pensar de esa manera, quizás es el primero en decirla desde la posición que ocupa. ¿No repetimos como si fuera un chiste para inteligentes que “hecha la ley, hecha la trampa” y celebramos la ocurrencia con una cerveza en la mano?, ¿por qué nos causa alarma que desde el inicio de su mandato la ley para el presidente fuera la enemiga número uno en sus ambiciones por hacer y deshacer como le plazca?

Somos tan legalistas cuando esa ley que despreciamos nos sirve y gritamos con fuerza que debe cumplirse lo que manda, pero al mismo tiempo somos tan transgresores que abjuramos de su cumplimiento cuando nos prohíbe violar su mandato.

El 21F contiene esas dos caras bolivianas. Una que reclama su cumplimiento y otra que lo rechaza. Los que pedimos se cumpla nos sentimos amparados por ella, los que la desconocen se sienten pueblo y por tanto están “por encima de ella”, pero tanto los que defendemos el 21F como los que no estamos dispuestos a saltar la ley para elegir candidatos.

Los legalistas decimos que se debe defender la voluntad del pueblo expresada en el referéndum del 21F, pero, y este es un gran pero, si los transgresores, los que desconocen la ley imponen su voluntad, entonces que remedio, debemos convertirnos de legalistas en transgresores como ellos. Y a esto le llamamos ser realistas.

Tanto para unos como otros, la ley es algo que se puede o no tener en cuenta, su cumplimiento esta en función a los intereses que nos ocupa. Persistir en cumplir la ley por encima de esos intereses es colocar a la ley por encima del pueblo y eso es una tontera que nos lleva a nada.

La hipocresía boliviana respecto a la ley es tan antigua como su origen. Por eso cuando quisieron, los que pudieron cambiaron la constitución política a su gusto y sabor, tantos gobiernos como intentos son incontables a lo largo de nuestra vida republicana. Un balazo un muerto y un grito: “Belzu ha muerto ¿quién vive?” y ya está, así se arreglaron las cosas.

¿Tiene que avergonzarnos, ahora, cuando antes que defender la ley estamos armando las candidaturas? Cuando hablamos de la juventud, a la que el candidato de los ciudadanos, o los candidatos de los frentes, pretenden convocar y reclutar en sus filas, les estamos enseñando que la ley es la base de los valores y principios que se tienen que respetar nos guste o no, o les estamos diciendo que la ley es algo dúctil, maleable, que depende como la sintamos y que por tanto, defenderla un día y olvidarla otro es cuestión del color con que se mire.

Son trece años en los cuales millones de jóvenes han visto y escuchado tratar a la ley como un instrumento de servicio al poder y no conocen otra enseñanza, han recibido el ejemplo de que enriquecerse ilegalmente, plantando coca, haciendo contrabando, corrompiéndose con el dinero del gobierno y haciendo tratos con él, es algo normal es casi legal y digno de ejemplo, quien no lo haga es tonto, es idealista, es neoliberal.

La ley para ambos lados es una mala palabra y eso tiene que sacudir el alma nacional. No se puede reclamar su cumplimiento hasta que la voluntad del gobierno se imponga. A la juventud hay que enseñarle que su cumplimiento no se negocia, que quien viola sus mandatos es un delincuente y los delincuentes deben ir a la cárcel, no tienen derechos, no pueden ser autoridades, menos gobierno y esta enseñanza tiene que expresarse en la resistencia a violarla, en luchar para que eso no suceda y recordarles que es la misma ley la que legaliza esa resistencia contra los que pretender desconocerla.

Defender la ley, defender el 21F no puede ser un puente para las elecciones si estas contienen un binomio ilegal, no se puede ser ambiguo y convenienciero. Es hora de romper con la tradición boliviana de laxitud y pasividad ante los violadores de la ley. Por eso no pueden haber elecciones si el binomio ilegal se impone. Si el gobierno y el poder judicial ya han violentado la constitución con un resolución del TCP infame y si ahora el TSE hace lo mismo no pueden haber elecciones es un proceso en contra de la ley. Si esto no está claro entonces no podemos quejarnos de lo que sembramos y después cosechamos.

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