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José Percy Paredes Coimbra

Cuántas primaveras más?


2019-02-07 - 20:18:56
Considero que con este artículo puedo finalizar la comparación entre la ‘primavera árabe’ y la ‘primavera’ venezolana, porque no quiero dejar pasar ningún detalle para no pecar de omisión. Es que hay tantas ‘coincidencias’ que es difícil no pensar que la misma mano que encendió la pólvora en Oriente Medio es la que está, hace rato ya, intentando encender esta mecha, bastante corta, plantada en Venezuela.

Vamos de a poco; las protestas, tanto en el mundo árabe como en Venezuela, combinaron técnicas de resistencia civil con campañas de largo aliento como huelgas, manifestaciones, paseatas, plantones y comicios, así como el uso de las redes sociales como facebook, twiter o youtube, como una manera de “sensibilizar”, comunicarse con la comunidad internacional y construir la idea de que la están pasando muy mal y de que su lucha es por la democracia, derechos civiles y libertad.

En el mundo árabe se desbordan los acontecimientos, se pierde el control y las protestas se les van de las manos; como suele suceder cuando no se toma en cuenta las características culturales y la voluntad del pueblo y se arma nomás un pandemonio para salir ganando (cosa a la que Estados Unidos está acostumbrado, desde las dictaduras a medida, pagadas, sostenidas y diseñadas por ellos en nuestra AbyaYala), no sólo perdieron la alianza del gobierno egipcio, sino que la violencia se desató en el mundo árabe de manera incontrolable.

Aunque, EEUU y sus aliados se las ingeniaron para sacar una buena tajada a ese pandemonio; como reza el refrán: ‘en río revuelto, ganancia de pescadores’, aprovecharon para asesinar a Saddam Hussein y a Muamar el Gaddafi. Antiguos socios que se alejaron de sus mandatos y que, en ese momento, no tenían nada que ver con Egipto, supuesto problema central de las revueltas (nadie dijo nada ante estos asesinatos o ejecuciones sumarias; no hubo CIDH, AMNISTIA Internacional, Alto Comisionado de DDHH, ONU ..., nada ni nadie!)

Cabe destacar que a la nación ‘paladina de la justicia y abanderada de la democracia mundial’, no le importó que la explosión de violencia ocurrida en Oriente Medio, gracias a sus intervenciones mal intencionadas, estaba expulsando de sus hogares a millones de personas, estaba destruyendo vidas de familias enteras, acabando con la paz en lugares que antes fueron tranquilos; grupos de diferentes visiones religiosas o el Desh incursionaban sembrando el terror, aprovechando las condiciones creadas justamente por estos ‘defensores de la justicia’.

A esta etapa de dolor, sufrimiento y muerte que siguió a la mal llamada ‘primavera árabe’, los politólogos y otros científicos sociales la han llamado invierno árabe, o invierno islamita, en referencia a lo opuesto de la primavera, es decir, a la violencia e inestabilidad que sucedieron a las protestas de su primavera árabe.

Este período se caracteriza por el acelerado declino económico de la liga árabe y las guerras religiosas entre musulmanes chiitas y sunitas. Que en la jerga manejada por nuestros ‘paladines justicieros’ (léase Estados Unidos) sólo son daños colaterales.

En el caso de Egipto, el presidente Mubarak, socio eterno de los EEUU, gobernó con mano dura desde 1981. Cuando se inician las manifestaciones en su contra, Israel intenta mantenerlo en el poder y el ex primer ministro británico, en ese momento enviado especial de la Unión Europea a Oriente Medio, llega a afirmar que Mubarak era “inmensamente valiente y una fuerza del bien”; con sus dos aliados defendiendo a Mubarak, Estados Unidos se mantiene ‘a una prudencial distancia’; al final se trataba de un socio!

Pero en el año 2011 Mubarak ya estaba desgastado, el pueblo ya no soportaba su estilo de gobierno y sus políticas antipopulares; las manifestaciones del 2010 exigían un cambio en las políticas económicas y sociales, pero luego se radicalizaron y pedían la renuncia de Mubarak. Ante el desgaste de su socio, Estados Unidos busca alguien a quién apoyar para seguir al mando de ese hermoso país y decide que Omar Suleiman (jefe del servicio de inteligencia de Mubarak) podía ser la nueva figura, era un socio estratégico y, lo intenta imponer.

Entre tantos aspectos que llaman la atención, éste sobresale; cuando se pide la destitución del socio de Estados Unidos en Egipto, Mubarak se defiende como fiera herida; ataca con el ejército a la población y a sus movilizaciones pacíficas; utiliza la violencia como moneda corriente, no como una excepción. Sin embargo, a pesar de la información comprobada presentada por medios de comunicación como Al Jazeera o Telesur, Estados Unidos y sus socios se limitan a hacer tibios llamados a la reconciliación nacional y al inicio de un proceso de transición, sin considerar las diarias violaciones a los derechos humanos realizadas por su socio caído en desgracia.

En fin, en Egipto dejó caer al socio porque mantenerlo en el poder le saldría más costoso, económica, política y socialmente hablando, además que ya estaba apoyando al nuevo socio, Omar Suleiman, para que sea nomás un traspaso. Solo que las cosas no le salieron tal como lo había planificado, pero como dije líneas arriba, sacó grandes ventajas con la desgracia ajena.

En Venezuela pretende hacer algo parecido, intenta retirar a un ‘enemigo’ para dejar a un socio local en su lugar, pero la interferencia y la injerencia son las mismas; de hecho considero que pretende recrear situaciones que en Egipto no pudo controlar, pero que cree ahora poder, para sacar al presidente legalmente electo y colocar en su lugar a un títere local, el diputado Guaidó.

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