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Moira Sandoval Calvimonte

El patrimonio cultural y las acciones ignoradas


2014-12-18 - 11:25:36
Faltan ya pocas semanas para la realización del DAKAR versión 2015, y no hace más de diez días el viceministro Pablo Groux indicó que este evento sería una ocasión espléndida e imperdible para reivindicar la cultura, anunciando –como autoridad de la cultura- que alistaría una entrada folklórica a lo largo del recorrido de esa actividad deportiva, donde se muestre la diversidad y el colorido de las danzas bolivianas.

Es oportuno mencionar que tal anuncio aparece a raíz de la polémica desatada desde hace dos meses a causa de los bailes bolivianos que están siendo ya parte indisoluble de la festividad de la Virgen de la Candelaria, en Perú, y con ello, parte de la petición realizada por el hermano país ante la UNESCO, para que este evento religioso de carácter sincrético cultural, sea considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Se han esgrimido todo tipo de argumentos, desde los más chauvinistas, transitando por el patriotismo y el sentimiento de identidad nacional, hasta los más abiertos y permisivos, hacia el uso que hace el hermano país de las danzas de morenada, caporal y diablada. También se desplegaron acciones formales ante la UNESCO, objetando la inclusión de estas danzas como parte del patrimonio cultural peruano.

Esta situación halla a Bolivia –una vez más- desprevenida en cuanto a la conservación y principalmente, el REGISTRO de su patrimonio cultural, luego de que se viviese episodios similares por la apropiación en los festivales chilenos, de la diablada orureña. Y es inexplicable, porque contamos con autoridades que ejercen tuición en dicho ámbito y con potestades plenas, para resolver OPORTUNAMENTE tales asuntos.

A qué me refiero con esto? Bueno, simplemente pongamos como ejemplo las festividades de Moxos (Beni) que han sido registradas con bailes incluidos –los macheteros- como patrimonio intangible de la humanidad. Otro caso ejemplar es el de la declaración de la danza del tango, como patrimonio cultural intangible de la humanidad, cuyo registro corrió por cuenta de dos países: Argentina y Uruguay, siendo en el Río de la Plata donde se originó y practicó dicha danza.

Es preciso detallar de este caso, ciertos aspectos que sin duda ayudarán a comprender el procedimiento que debe seguirse cuando hay una voluntad seria y responsable de manejar el contenido cultural de una nación. Si bien Argentina y Uruguay realizaron el año 2003 el registro previo como patrimonio inmaterial, en la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial (2003), el registro del tangocomo expresión rioplatense recibió ciertas observaciones técnicas al sustento histórico y sociológico de raigambre popular, para ser considerado como tal -en el contexto predominante de su internacionalización-de modo que debieron reunirse expertos de ambos países, trabajar conjuntamente para respaldar y fundamentar las argumentaciones que dieron viabilidad al registro tangoen la Lista Representativa delPatrimonio Inmaterial de la Humanidad, finalmente el año 2009.

Luego de esa declaratoria, la UNESCO ha destinado recursos para el fortalecimiento de la investigación y práctica de dicha actividad, que profundice el conocimiento de dicha danza y por consiguiente, su utilización como recurso turístico, al constituir un pilar fundamental de la identidad de la cultura rioplatense. Ese es el procedimiento inexcusable en todos los casos de registro.

Sin duda, esos beneficios del registro podrán ser posteriormente tramitados por el vecino país solicitante, una vez que la festividad de la Virgen de la Candelaria sea incluida en la Lista del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Vean entonces la importancia del trabajo desde la función ejecutiva, que debería ser una de las preocupaciones desde la gestión de gobierno. Allí, se debería ensamblar ideas y acciones, que incorpore por supuesto desarrollos conceptuales de rigurosidad, que constituyan el respaldo de una petición seria, para iniciar el registro de cada una de las danzas bolivianas, una por una, tal cual se ha procedido en otros casos, incluso en territorio nacional.

Asimismo, conciliar los elementos constitutivos y elaborar los conceptos de sustento, desde la óptica histórica, antropológica y sociológica, de cada una de estas danzas, requiere el concurso de expertos y profesionales, así como representantes de las entidades culturales y asociaciones folklóricas, y por supuesto, juristas que consoliden el registro, tarea que debe ser coordinada por el viceministerio que ejerce tuición en el ramo, para el caso, el de Culturas.

Este es el procedimiento serio, leal y responsable con el patrimonio cultural nacional, que redundaría en su uso como recurso turístico de manera simultánea, por lo cual debería ser una de las preocupacionesde la actual gestión de gobierno.
De nada servirá los reclamos o reivindicaciones ante las iniciativas de otros países, que aprovechando el sincretismo cultural, la proximidad territorial o la práctica sistemática de los mismos bailes en la región andina -sea por apropiación o imitación- procuren consolidar el registro hacia sus respectivos territorios y es lícito e inteligente que pretendan favorecerse, teniendo en cuenta los beneficios que derivan después de dicha designación.

De nada servirá tampoco actos meramente simbólicos sin repercusión mayor, como aquél de iniciativa del viceministro Groux: una interminable entrada folklórica a lo largo del recorrido del DAKAR, esa es la señal de que no se intenta llevar a la práctica una iniciativa seria de registro, una falta de elaboración de un dossier con un respaldo conceptual e histórico que consolide el mismo.
Con ello se dirigen únicamente a lo que le suele pasarle a muchos gobiernos: actuar sin pensar, pues el procedimiento a seguir para la preservación del patrimonio cultural, no es privativo de grandes corporaciones o estados del primer mundo, sino de aquéllos que cuentan con autoridades responsables y que diseñen una estrategia en el ámbito correspondiente: pues el escenario para actuar no es el DAKAR, sino la UNESCO.

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