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Délmar Méndez

Ha nacido un nuevo monstruo: el elector boliviano


2014-08-27 - 09:54:40

Este ente sí que es despreciable. Tiene la moral distorsionada. Acepta como valores positivos el despilfarro, el narcotráfico, la corrupción y la impostura. Confunde lo conveniente de lo que es penosamente desventajoso para sí mismo y para la mayoría. Comulga con la arrogancia de la ignorancia. No aprecia el valor de la libertadni la educación. Admite como virtud el despotismo, la arbitrariedad y el autoritarismo. No reconoce el mérito de la justicia.

Este ser no atribuye valor alguno a la institucionalidad democrática. No tiene noción de lo indispensable que es, para su propio bien y del resto, el libre pensamiento, la libertad de expresión, el estado de derecho, la independencia de poderes.

La ausencia de conciencia del enorme perjuicio que le representa el cultivo de estos antivalores, lo hace un ser irresponsablemente desconectado de la realidad nacional. Tiene una visión superficial de su presente y anulada la percepción de su futuro.

Tampoco tiene un sólido conocimiento del pasado reciente. Desconoce el auténtico origen de la disponibilidad de recursos económicos en el país, y atribuye la supuesta bonanza a una “acertada” conducción del Estado.

No sabe, no quiere saber o ya se olvidó, que en Bolivia existen más de 700 perseguidos políticos, exiliados, refugiados o en la clandestinidad. Ayudó a sepultar con su silencio, conformidad e indiferencia, a decenas de muertos y asesinados por pensar diferente al régimen.

Hay algo que sí sabe con irrefutable certeza, pero que ya no reprocha y eso es lo justamente preocupante en su discernimiento moral. Este ser, sabe que en este país hubo una ejecución extrajudicial y que se armó y montó un escandaloso caso de terrorismo, que nunca existió, para injustamente dañar a decenas de familias en el Oriente, como parte de un macabro plan para acabar con las demandas autonómicas y distorsionarlas.

Pues, con todo lo que no sabe, con lo que tiene tergiversado, con su apreciación superficial, distorsionada y manipulada de que lo pasó, de lo que pasa y de lo que puede pasar; este ser, aún con lo que sabe e irresponsablemente prefiere obviar, ya tiene una inconmovible decisión tomada y la materializará en octubre. Ha nacido un nuevo monstruo: el elector boliviano.

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