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Susana Seleme Antelo

Labrado en la memoria


2017-06-16 - 09:57:16
Solo un profesional de la comunicación, la información y el buen escribir, como el periodista Harold Olmos podía escribir un libro de 730 páginas con el título de esta nota: Labrado en la memoria. Es la narración histórica de que lo se conoce como ‘El caso Rózsa’, o ‘El complot contra las autonomías’, o ‘El juicio político con carátula judicial terrorismo-separatismo’.

Es el estudio y análisis de lo que también él llama ‘El juicio del siglo’, que lo llevó a constar, “que estaba ante un caso que incluía mucho de la historia boliviana contemporánea”. Y la incluye con fidelidad histórica y valentía democrática.

Son las “Anotaciones de un reportero”, su subtítulo. Es la minuciosa crónica periodística de ese juicio, y lo hace con rigurosa descripción de los múltiples contextos internos y externos y su articulación política, jurídica, económica, social y diplomática que lo rodearon y rodean. Empezó la madrugada del 16 de abril de 2009, cuando fueron asesinados extrajudicialmente por un comando especial del régimen de Evo Morales, el húngaro-boliviano, Eduardo Rózsa, el irlandés Michel Dwyer, y el también húngaro Arpad Migyarosi.

Ese comando “irrumpió en el Hotel Las Américas de Santa Cruz, los mató y lanzó una persecución tenaz sobre dirigentes políticos, cívicos y empresariales de la región” escribe Olmos.

El libro es la radiografía de lo que ha sido una práctica común en la Bolivia de estos tiempos: la deriva de la administración de justicia hacia la “judicialización de la política”. Olmos apunta que “Pocos juicios en el mundo han durado tanto: siete años y medio… y nunca en Bolivia se había dado un proceso que involucrase alzamiento armado, terrorismo y separatismo. El cuarto elemento inicial, magnicidio, fue suprimido de la acusación porque habría sido imposible sustentarlo y acabaría bloqueando los otros elementos de la acusación que tampoco pudieron ser probados en tres años y medio de juicio oral”.

Y detalla los arbitrarios métodos antijurídicos utilizados en el proceso contra 39 imputados por delitos jamás cometidos, en desmedro del ejercicio del Derecho como civilización jurídica. Identificaa los autores intelectuales y materiales, ‘los victimarios’, todos personajes del alto mundo político oficialista y sus servidores. No los califica, simplemente los ubica, los cita, utiliza datos de prensa nacional y extranjera, o de primera mano cuando asistía a las sesiones del juicio oral en esta ciudad. Lo hace con objetividad profesional, sin estridencia alguna.

En mi criterio, las muertes en el hotel de marras son ‘Terrorismo de Estado’, como puede deducirse de las evidencias presentadas durante el juicio. El autor narra que los fiscales nunca tomaron en cuenta el debido proceso, es decir, el lugar de los hechos, el juez natural y la presunción de inocencia. Mientras leía el libro recordaba la novela “El proceso” de Franz Kafka, proceso que se convirtió poco a poco en sentencia, como en este “Juicio del Siglo”. Es ‘el aparato judicial kafkiano’ que en Bolivia ha desterrado a las instituciones de un Estado de Derecho.

La obra consta de 4 libros. El primero es la reedición de la primera aproximación del autor al asalto en el hotel de marras con el título “Allí donde me sepulten nadie se arrodillará”.El segundo, tercero y cuarto libros son el desarrollo del propio juicio en su fase oral, primero itinerante en Cochabamba, 2012, luego en Tarija, Yacuiba y finalmente en Santa Cruz de la Sierra. El autor relata esa historia a veces de forma conmovedora, y otras brutal, con una diáfana escritura y una incalculable información.

“Labrado en la memoria” es un libro “Para no olvidar”, titulo del último capítulo. Nombra a todas las víctimas: las presas, las que sufren detención domiciliaria y las del exilio forzoso. A estos los llama “los sin voz”. Quienes salieron del país, no tuvieron otra opción porque ni el Estado, ni el gobierno que lo administra, ni Poder Judicial subordinado al poder político de turno les garantizó un juicio justo.

Fue además un juicio inhumano. Durante el mismo, cuando la defensa de los acusados con graves problemas de salud invocaron ‘el derecho a la vida’, la respuesta del entonces fiscal Sergio Céspedes fue macabra. Dijo que “En la antigua Constitución Política del Estado se valoraba la vida. En esta nueva es Patria o Muerte”.

Cómo apunta Olmos ¿quiénes eran los destinatarios de semejante arenga bélica? Dejó a las víctimas, sus familias y amigos la sensación de impotencia e indefensión. Ese fiscal es hoy candidato al Órgano Judicial, en la nueva parodia oficialista de elección de magistrados.
En todo caso, el juicio no ha destruido a los imputados, aunque si afectado profundamente a cada uno de ellos y ellas, a sus familias y a sus hijos, algunos muy niños entonces, que siguen siendo niños aun hoy.

La lectura de “Labrado en la memoria” también me remitió a la filósofa judío-alemana Hannah Arendt, en su elaboración del concepto “La banalidad del mal”, con el que describió a Adolf Eichmann en el juicio que se le siguió por su participación en el Holocausto. Harold Olmos narra y constata, como hizo Arendt, “la larga carrera de maldad, la terrible banalidad del mal” que le impedía al acusado darse cuenta de sus “horrendos actos y el daño que había causado”.

Esa “banalidad del mal” se arropa hoy en la naturaleza de la Injusticia en Bolivia y de quienes la administran, merced al exceso del poder abusivo y obsceno del régimen de Evo Morales.

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