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Norah Soruco de Salvatierra

Los señores de la guerra


2017-05-03 - 12:06:16
Escuchamos horrorosos ruidos de guerra en el mundo y en nuestra América, qué irresponsabilidad. Hay mal llamados ‘hombres’ que enceguecidos por la soberbia del poder, han perdido la razón. No les importan los gritos desesperados de miles de víctimas que huyen hacia la nada o caen doblegados por balas, químicos, bombas o hambre, activados por quienes debieran tener en sus hombros el compromiso del buen destino de los pueblos, propios y ajenos.

El paso por sus ciudades, desde cuyos balcones hipócritamente proclaman amor, libertad y justicia, nos muestra la ominosa tragedia de hombres y mujeres que deambulan por sus calles con niños de la mano, los pies descalzos y las espaldas desnudas, buscando la clemencia de los ciudadanos, por lo menos con una limosna que les permita llevar un pan a sus bocas.

Estos gobernantes y personajes poderosos se creen dueños del mundo, de la vida o muerte de la gente y están dispuestos a todo para conservar no sólo el poder, sino para encubrir las desmedidas y malas artes con que manejan la cosa pública.Los dramas de Siria cuyoshabitantes son atacados por ambos bandos, o Venezuela donde se está llegando a extremos de hambre y violencia, yde otros tantos lugares donde se siegan vidas inocentes de ida y vuelta, enarbolando el terrorismo, son lo cotidiano en las noticias, pero no cuentan para los siniestros señores de la guerra.

Los tibios y aislados mensajes que llaman a la paz, se evidencian insuficientes para alcanzarla; nunca como ahora han quedado al desnudo las limitaciones y utilidad de los organismos internacionales en la obtención deresultados prontos y eficaces.

En tal realidad que aún sentimos lejana, sólo podemos pedir a quienes tenemos cerca,no seguir el camino del odio y la soberbia, recuperar su ser y retomar el rumbo del bien común, empezando por aceptar al que piensa diferente ynegando su respaldo a los culpables deanteponerla ambición, para que no avance más hacia nosotros. Aún estamos a tiempo.

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