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Obras del teleférico afectan al cementerio La Llamita




23/10/2016 - 12:04:01
PÁGINA SIETE.- Desde la puerta, tras una cortina de árboles añejos, se distingue una basta ciudadela de pequeñas casitas de colores. En dos lomas, acomodadas una sobre otra, apenas dejan resquicios para el viento que arrastra silbidos similares a un lamento. En este mundo de almas en los extramuros de La Paz, a cada paso un profundo suspiro atraviesa el oído y recorre la espalda erizando la piel.

Por la cercanía de Todos Santos, varias familias se dan cita en el cementerio clandestino La Llamita, colindante a las obras de la línea Naranja del teleférico en la Periférica. Hasta la semana pasada, los tractores que remueven la tierra para la construcción de una de las estaciones pasaban casi por encima de las tumbas.

"Han avanzado harto en las obras del teleférico, pero no nos han dicho si van a entrar o no al cementerio. Pareciera que sí porque ya están sobre las tumbas del borde”, señala don Tomás Pacheco mientras baña de barniz los ladrillos del nicho de su hijo.

La tumba que cuida con esmero está sobre una pequeña loma desde la que los trabajos para la nueva estación se ven aún distantes. Sin embargo, en la parte inferior del camposanto ha empezado la excavación para la que será una de las torres.

"Dicen que va a ser para la torre; pero por ahí se les ocurre que sea una de las entradas a la estación”, conjetura Pacheco viendo bajo la loma.

Como él, otros dolientes señalan que si las obras avanzan un poco más será mejor trasladar los restos de sus familiares. "Si van a entrar yo quisiera llevarme a mi hijo. Mi papá estaba enterrado en Alto Lima y por obras en el lugar me han dicho que me lo saque y me lo he llevado, pero aquí no dicen nada”, comenta don Tomás.

Por el abandono de los nichos que están más cerca las obras se puede ver que no tendrán quien los recoja. Tres de ellos ya casi fueron cubiertos por la tierra que removió la maquinaria pesada. Hasta el anterior fin de semana los trabajos avanzaban sin un cerco que separe la futura estación del cementerio.

Página Siete trató de contactarse con el gerente de Mi Teleférico, César Dockweiler, pero no fue posible ya que él viajó a Quito para presentar una ponencia en el encuentro Habitad III. Sin embargo, Gregorio Huanca, presidente de la zona Alto Agua de la Vida, -a la que pertenece el camposanto- aseguró que las tumbas no serán retiradas.

"Hemos hablado con el teleférico. A un principio había la intención de ceder espacio para la estación y el ingreso, pero después de hablar con los vecinos hemos visto que no sería bueno. Por lo que se ha quedado que no van a invadir el camposanto”, aseguró Huanca.

Explicó que los daños en las tumbas limítrofes a las obras se deben a la tierra removida en el lugar, pero recalcó que son leves. Confirmó que en la parte baja del cementerio -casi sobre la avenida- se instalará una torre que tampoco afectará el lugar. El martes ya había un cerco de calaminas en el área de trabajo.

Una necrópolis de décadas
"Q.E.P.D. 03 de abril de 1974”, se lee en letras pintadas a mano alzada en una de las tumbas. Ya sólo es legible la inscripción de la fecha. Su pequeño portal está quemado y hay a su alrededor restos de velas rojas y negras, con retazos de ropa y cabellos. Muchos de los nichos cercanos a la puerta de La Llamita tienen el mismo aspecto.

Los vecinos coinciden en que las tumbas llevan décadas en el lugar. Gregorio Huanca llegó a la zona Periférica a principios de los 80 y asegura que la necrópolis ya estaba allí. "Esas veces tenía un cuidador al que los familiares de los difuntos le pagaban”.

"Como está vacío y se puede entrar de noche, vienen todo tipo de personas. Parece que algunos hacen amarres y rituales de brujería. Otros también son borrachos o cleferitos que duermen dentro. Como hace frío prenden fuego y, claro, queman los nichos”, comenta el propietario de una tienda frente al cementerio.

El dirigente vecinal, Huanca, explica que hace un tiempo trataron de encadenar la puerta. "Pero la rompieron... no se puede controlar”, lamenta.

Como en el día, por la noche las puertas se mantienen abiertas. Todo el que las traspasa es consumido por la oscuridad en la que -dicen- las almas se levantan para penar.

"De noche ya andan las almas”, dice la vendedora de flores Felipa Yucra. Mientras que don Marco, uno de los obreros de los nichos, señala que él nunca vio ni oyó nada que no fuera de este mundo. "Les rezo por eso no me aparecen”, asevera.

Dentro de La Llamita se oyen pasos. En el oído, se siente aquel suspiro profundo, que rebolotea en la nuca y aprisiona el pecho.

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