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Lo que mi padre de 82 años y su novia me enseñaron de las citas


13/11/2017 - 09:36:48
Infobae.- Mi padre y yo siempre hemos tenido una relación muy estrecha, pero él no ha sido una persona a la que he recurrido para que me aconsejara sobre amores. Nunca ha hablado de sus emociones. Siempre era así con mi madre. Pero puedo decir que poner fin a mi matrimonio, en 2014, lo entristeció.

Aunque él no fue el mejor asesor, me ha dado un buen ejemplo. Cuando perdimos a mi madre después de una larga lucha contra la demencia vascular, él sufrió pero no dejó de vivir. Con el tiempo, vi que no tenía miedo a sobreponerse y arriesgarse a nuevas relaciones, algo que desconcertaría a miles de personas que han sufrido un golpe tan duro como la pérdida de tu esposa. A los 79 años, mi padre conoció a su novia en un autobús.

Mi madre, Joan, y mi padre, Ron, se casaron hace más de cuarenta años. Se conocieron en un baile de solteros en Filadelfia, una versión pre Tinder. Esta experiencia dio a mi padre una visión bastante directa sobre el romance. Cuando le dije que había quedado con varias chicas a las que había conocido por Internet, él me respondió bastante serio: "Apuesto que es una dama fantástica, espero que eso termine en matrimonio". Abrí los ojos y le dije "¡papaaaaaaaá!", tal y como había hecho tantas veces en mi época de adolescente.

Habiendo perdido recientemente a su esposa, mi padre debe saber lo difícil que es encontrar a alguien hoy en día. Pero él lo ha hecho sin Tinder ni baile de solteros. Una mañana fría de diciembre de 2013, entró en el autobús de Leominster (Massachussetts) y vio a Gillian.

En ese momento supo que quería hablar con ella. Se sentó en el asiento que quedaba frente a ella, sacó su iPhone, se dio la vuelta y le empezó a hablar de su último viaje.

Gillian, como me explicó más tarde, se sorprendió al principio, pero lo dejó hablar: "Pensé que este tipo estaba tratando de impresionarme con su viaje al extranjero y que creía que yo no había estado nunca en ningún lado".

La mujer ha visto mucho más mundo que mi padre. Tiene 76 años, creció en Gales y vivió durante varias décadas en Sudáfrica. Viajó por Asia mientras dirigía un negocio de importación y exportación. No necesitaba a mi padre para conocer los detalles de los viajes y ella, sutilmente, se lo dejó saber.

Así que las monedas se dieron la vuelta.

Él estaba impresionado y empezó a hacerle preguntas. Su conversación continuó. El autobús llegó a su parada. Gillian lo miró un momento mientras salía del autobús y vio, por la expresión de su rostro, que él quería seguir hablando. Hizo una pausa y luego continúo.

Gillian había terminado un matrimonio abusivo hacía 14 años y estaba muy orgullosa de la vida independiente que llevaba. "Durante este tiempo si un hombre me invitaba a salir o me llamaba por teléfono nunca iba", dice ella ahora. "Siempre lo he rechazado porque no tenía ningún interés en conocer a nadie", comenta.

Sin embargo, Priscilla, la conductora del bus, había estado escuchando la conversación de Gillian y mi padre. Cuando mi padre se detuvo en la parada le dijo a Priscilla: "No sé como se llama, no tengo su número de teléfono y no sé cómo volver a verla".

La conductora tenía las respuestas. "Su nombre es Gillian y suele ir al Centro Senior de Leominster todos los lunes para jugar al bingo", le contestó.

¿Adivinas quién apareció el siguiente lunes en el bingo para jugar? Mi padre no vio a Gillian, pero preguntó si alguien la conocía. Una mujer lo hizo. Explicó su historia y le dejó su número de teléfono para que lo llamara.


Tuve que preguntar a mi padre por qué se esforzó en hacer eso. Soy bastante decente con mis citas de Tinder pero conocer gente por la calle es mucho más difícil. Sería imposible iniciar una conversación con alguien en un autobús y, después de una noche como esa, probablemente habría perdido la esperanza de no ver a la persona que estaba buscando. A veces, sin embargo, los accidentes felices de la vida son mejores que un algoritmo.

"Simplemente supe que quería volver a conocerla. No era cuestión de estar nervioso, sino de tener determinación", me contó.

Más tarde, Gillian recibió una llamada de teléfono de alguien que le preguntaba: "¿Conociste a alguien en el autobús?".

"Sé de quién estás hablando", contestó ella.

"Bueno, te ha estado buscando, ha estado preguntando por ti en todos los centros de la tercera edad y tengo su número de teléfono", le relató.


"Sabes que no quiero salir con nadie", le replicó Gillian.

"Es un hombre muy agradable, llámalo e id a tomar algo" le dijo su amiga.

"Dame su número, pero creo que no lo voy a llamar de todas formas", acabó.

Pero Gillian finalmente lo llamó. Su primera cita fue en Barnes & Noble. Decidieron ir a cenar después y caminaron por el estacionamiento. Él le agarró de la mano.

"Me estaba congelando. Sostuvo mi mano y noté que la suya estaba muy cálida. Yo siempre las tenía frías. Fue una sensación extraña, quizás porque ningún hombre me había agarrado de la mano en catorce años", contó.

Volvió a agarrarme de la mano cuando me acompañó a casa. "En ese momento no quería dejarlo, solo quería quedarme con él", admitió.

Mi padre y Gillian han estado juntos los últimos 4 años y, en mi opinión bastante parcial, hacen una bonita pareja. Admiro a mi padre por aparecer en el bingo y admiro aún más a Gillian por llamarlo.

No necesitaba a mi padre para encontrar la felicidad. Había vivido en todo el mundo y tenía todos los amigos que ella necesitaba. Pero cuando tuvo algo bueno supo cómo verlo, a pesar de no tener un mensaje que dijera "Tienes un match" flotando por encima de la cabeza de mi papá.

"Estoy feliz allí donde estoy, pero había algo que sentí cuando me sostuvo la mano. Noté que quizás había perdido algo", recuerda ella.

Después de una ruptura algo me suele rondar por la cabeza: "Eso es todo, nunca vas a encontrar a nadie, renuncia y deja de perder el tiempo. Adelante, cómete esa hamburguesa con tocino y tómate un batido. Es una buena idea". También puedo acabar siendo un enfermo de las aplicaciones y hacer siempre las mismas preguntas.


En momentos como estos, la historia de mi padre y Gillian sirve para acordarme de que alguien que jamás ha utilizado esas herramientas online sabe más de una cosa sobre los riesgos del amor.

Me dice que no importa lo que me haya pasado, que todavía tengo muchas opciones, incluso en el autobús.

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