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A 50 años de la historia de amor que rescató a Paul McCartney del infierno




23/03/2019 - 14:49:53
Infobae.- Diez días atrás se cumplieron los 50 años del casamiento entre Paul McCartney y Linda Eastman, una de las parejas más duraderas y estables de mundo del rock.

Paul, en ese tiempo, era el soltero más codiciado del mundo. Y no hay exageración alguna en la afirmación. Un Beatle, el Beatle de las canciones románticas, el que en los últimos tiempos estaba a cargo, era el candidato soñado para casi todas las chicas del mundo.

Jóvenes, todos atravesando su segunda década de vida, los cuatro se casaron prematuramente. Súper estrellas, codiciados por las mujeres, sin horarios rígidos, con las tentaciones al alcance de la mano. Sin embargo, la alienación era tan grande, la presión tan inmanejable, la fama inusitada ponía todo fuera de escala humana (John Lennon tenía razón cuando afirmó que eran más famosos que Jesucristo), que los cuatro Beatles se casaron muy jóvenes.

Se refugiaron en sus esposas, en intentar mantener una vida familiar para volver a tomar contacto con la realidad. Paul fue el último en abandonar la soltería. Una semana después, John concretaría su segundo matrimonio, esta vez con Yoko Ono.

Paul había estado de novio durante el ascenso y apogeo de los Beatles con Jane Asher, una actriz británica. Asher dio por terminado el noviazgo tras una de las tantas infidelidades del músico.


Linda Eastman era una joven aficionada a la fotografía que trabajaba como recepcionista en la revista Town and Country. Después de mucho insistir consiguió que sus jefes le enviaran a cubrir una fiesta que los Rolling Stones daban en un yate.

Linda con su juventud, belleza y simpatía consiguió ser la única fotógrafa a bordo. Al resto se le negó la posibilidad y vieron desde el muelle como zarpaba la embarcación. Linda aprovechó su oportunidad. Tenía talento. Sus fotos de los Rolling Stones llegaron a todas las revistas. Desde ese momento se convirtió en una de las fotógrafas favoritas del rock.

Obtuvo imágenes de Jimmy Hendrix, Simon and Garfunkel, Bob Dylan, Eric Clapton (su retrato del guitarrista fue tapa de uno de los primeros números de la Rolling Stone: Linda es la única persona en la historia de la revista en ser tapa como fotógrafa y como fotografiada; estuvo en la portada junto a Paul en 1974), Aretha Franklin y Neil Young.

Su habilidad para la fotografía y su apellido provocaron un largo malentendido. Linda no era descendiente de Eastman Kodak. Su padre, Leopold Val Epstein, cambió su nombre al de Lee Eastman y se transformó en un abogado especializado en el mundo del espectáculo; representó a grandes artistas a lo largo de los años.

Primero se cruzaron en un recital de Georgie Fame; luego en la presentación de Sargent Pepper. A partir del tercer encuentro el romance se consolidó.

No importó la fama y las múltiples ocupaciones de Paul, ni que ella tuviera una hija de un matrimonio anterior ni que viviera en Estados Unidos. A los pocos meses ya estaban juntos y no se separarían por las siguientes tres décadas.

Linda era divertida, inteligente y emprendedora. Tenía una belleza serena, fluída, sin subrayados.


Se casaron el 12 de marzo de 1969 en Londres.

Pretendieron pasar desapercibidos. Sólo un trámite. Pero nada era sencillo para un Beatle en esos tiempos. Cuando llegaron al registro civil una multitud de fotógrafos, periodistas y fans los esperaba.

Algunas de las seguidoras de Paul no podían contener su frustración. Se les esfumaba su última esperanza. Paul vistió un traje negro, formal y discreto, y una corbata clara y brillosa. La falta de hábito hizo que el cuello de la camisa se escapara por sobre la solapa del saco. Linda combinó su vestuario con el de su hija Heather de seis años. Las dos usaron un tapado corto de cuatro botones ceñido al cuerpo por un ancho cinturón. El pelo corrido hacia los costados y casi sin maquillaje. Una hermosa y original novia que escapaba al lujo y a la ostentación esperable. Luego del trámite, hubo una pequeña bendición religiosa.


A partir de ese momento, Paul y Linda pasaron a ser Los McCartneys. No se separaron en tres décadas. En alguna ocasión Paul recordó que en esos 29 años sólo diez noches habían dormido separados: las diez noches que él estuvo detenido en Tokio por posesión de marihuana.

Paul parecía tener todo. Juventud, fama, prestigio, dinero, una hermosa familia, una actividad que lo gratificaba y lo realizaba. Sin embargo, luego de la separación de los Beatles entró un profundo estado depresivo. Linda, con dos hijas (ya había nacido Mary), a menos de un año de haberse casado, lo sostuvo y le dio el impulso para salir adelante.

Le mostró que había vida más allá de los Beatles. En esos doce meses pasó de casarse con un joven en la cima del mundo a convivir con un hombre emocionalmente roto y perdido. Ella pudo lidiar con la situación. Paul se lo reconoció públicamente: "Linda me rescató y me salvó".


La primera medida que tomaron para alejarse de los ecos de las ondas expansivas de ser un Beatle (ninguno de los cuatro dejará de serlo nunca: esa condición, una condición excepcional, los acompañará eternamente) fue irse a vivir lejos de la ciudad, lejos de las groupies, los pedidos de autógrafos, la histeria.

Un tiempo antes, Paul había comprado una propiedad en la campiña escocesa. Una extensa tierra para trabajar con algunos animales y una casa de tres ambientes, frugal y poco sofisticada. Los cuatro (luego llegarían los otros dos hijos: la hoy prestigiosa y excepcional diseñadora Stella McCartney y James, el único varón) hacían una reposada vida de campo.

Existen algunas fotos muy hermosas obtenidas por Linda en esos años. Una de ellas: Paul hace equilibrio sobre una valla de troncos con una gran sonrisa, Heather salta sobre unos fardos de heno, Mary busca algo en el pasto, el campo, el cielo abierto y la construcción nada ostentosa. La vida rural los hacía felices.

En cierto modo, Paul eligió para su música el mismo camino. Eliminar la sofisticación, volver a las fuentes, evitar la grandilocuencia. Ese movimiento no fue bien recibido ni por la crítica ni por el público. Acaso el éxito temprano de George Harrison tras la separación del grupo se deba (más allá de sus grandes canciones) a la misma lógica.

Los Beatles habían acostumbrado a su público -habían conseguido la hazaña que "su público" fuera casi tan extenso como todo el mundo- a grandes obras. Innovación permanente, orquestaciones trabajadas, nuevos sonidos, grandilocuencia y revolución. El disco triple de Harrison con el Wall of Sound de Phil Spector iba en ese sentido. Lo mismo que los himnos políticos y aspiracionales de Lennon. Nadie esperaba algo en tono bajo, artesanal, casi sin ambición como los primeros trabajos solistas de Paul.

Esos primeros años post Beatles fueron, al mismo tiempo, de búsqueda y de fuga para McCartney. Una búsqueda que se transformó en música menos convencional de lo que el público cree recordar y un escape vitalicio de la gigantesca sombra de su ex grupo.

Enseguida Paul quiso formar otro grupo. Los Beatles eran pasado. Estaban, además, en medio de una lucha jurídica encarnizada. Las demandas con Allen Klein (la historia culpó a Yoko de la separación del grupo pero Klein fue el que más hizo por la causa), quien manejaba los intereses de los Fabulosos Cuatro, se cruzaban permanentemente.

Los abogados de Paul eran sus suegro y su cuñado, los Eastman. El instinto lo llevó de inmediato a considerar otro súper grupo: Eric Clapton, Billy Preston y John Boham. Por consejo de Linda desechó la idea de inmediato.

Le recordó que los Beatles cuando empezaron eran desconocidos y sólo tenían sus ganas y su talento. Lo cierto es que también deben haber pesado las pocas ganas de Paul de tener una relación horizontal con sus compañeros. En los últimos tiempos en los Beatles sus ansias de control y de dirección habían entorpecido la relación con sus compañeros.


En un sueño encontró el nombre del grupo: Wings. La siguiente decisión fue mucho más polémica. Le ofreció a Linda, que no contaba con el más mínimo conocimiento musical, hacerse cargo de los teclados. Ella al principio se resistió. Pero él la convenció. Paul era un pésimo profesor, carecía de toda paciencia. Linda procuró aprender por su cuenta. Esa primera formación de Wings se completó con músicos profesionales: el baterista sin demasiados laureles anteriores Denny Seiwell y el guitarrista Denny Laine, ex Moody Blues.

Wings empezó de abajo. Tocando en pequeños lugares, sin publicidad previa, saliendo de gira en caravanas nada fastuosas. Un pequeño equipo, los músicos y la familia McCartney en pleno. Allí dónde iban Paul y Linda iban los chicos. La familia rodante.

El lugar de Linda en el grupo provocó pocas polémicas. Casi se alcanzó unanimidad al respecto. Todos los medios se mofaron de su papel. Les parecía incomprensible la elección de Paul. Decían que su habilidad con los teclados era nula y que desafinaba en cada intervención vocal. Era cierto.

Sin embargo los músicos de Wings, con el paso del tiempo, reconocieron el lugar de Linda en el grupo.

Ella era la que los unía, la que aportaba la armonía de trabajo, la que hacía posible la convivencia. Lo que siempre fue cuestionable en ella fueron los estrambóticos peinados de los setenta: unas crestas trabajadas e inexplicables.

Con el tiempo su aporte musical se fue profesionalizando y su labor fue siendo cada vez más digna. En 1986, los Smiths la invitaron a tocar los teclados en Frankly, Mr. Shankly de su casi perfecto álbum The queen is dead. Pero Linda declinó la oferta.

El otro inconveniente que Paul y su grupo debieron enfrentar en esos primeros tiempos fue que el músico se negaba a hacer en vivo canciones de los Beatles, lo que generaba una enorme decepción en los espectadores.


Una nueva polémica se produjo con el matrimonio. Empezaron a firmar juntos las canciones. Ya no era Lennon-McCartney sino McCartney-Eastman. Esto produjo otra ola de burlas. Nadie creía en el aporte autoral de Linda.

Paul se limitó a recordar que pasaban todo el día juntos y agregó: "Si estoy en el estudio y mi esposa me sugiere agregar una línea o cambiar determinado acorde, eso mejora la canción y ella merece el crédito".

Detrás de esta cuestión subyacía otra disputa. Northern Songs la compañía que poseía los derechos de las canciones de los Beatles sostenía que a ella le correspondían los derechos de las composiciones de los cuatro aún en sus carreras solistas. De este modo, mientras la situación se aclaraba, poniendo en los créditos a Linda, Paul lograba quedarse al menos con el 50% de los derechos de cada canción.

Las sospechas pueden permanecer y los críticos pueden seguir burlándose pero Linda ostenta como coautora cinco canciones que encabezaron los charts: Uncle Albert/Admiral Halsey, My love, Band on the run, Listen to what the man said y Silly love songs. Además de una nominación al Oscar por Live and Let die, tema de la película de James Bond.

La prensa y el público, con naturalidad, se refería a ellos como Los McCartneys. Y se fueron acostumbrando a verla a ella en los teclados. Cada tanto surgía algún comentario ácido que recordaba que había conseguido el trabajo sólo por ser la esposa del líder del grupo.

En una época circuló (todavía se puede escuchar en internet) una grabación que aislaba la interpretación en vivo de Linda durante una versión de Hey Jude. Se puede afirmar que esa noche sus capacidades vocales se encontraban en un punto muy bajo. Luego de Wings, Linda siguió integrando las distintas formaciones que acompañaron a Paul por todo el mundo.

Además de su capacidad como fotógrafa, Linda fue una consecuente activista por los derechos de los animales y propulsora del veganismo. Publicó libros de cocina y hasta tuvo una exitosa línea de comida vegana.

Esta faceta hizo que el matrimonio llegara, una vez más, a la cumbre del mundo pop varias décadas después de su primer triunfo con los Beatles.

Para las nuevas generaciones, Paul y Linda es la pareja que aparece en el capítulo Lisa, la vegetariana en la que la pequeña Simpson descubre que ya no puede comer carne animal y se inclina por lo vegetariano. Del final de los Beatles pasando por James Bond hasta llegar a los Beatles.

En 1995 a Linda le detectaron cáncer de mama. Tres años después como consecuencia de una metástasis en el hígado murió a los 56 años.

Sus últimos días los pasó rodeada por su esposo y sus hijos, andando a caballo, en medio del campo. En su funeral los tres Beatles que sobrevivían se juntaron a tocar en vivo por primera vez desde el famoso Concierto de la Terraza.

Paul, George y Ringo, en honor a Linda, ejecutaron una estremecedora versión de Let it Be.


Paul y Linda, los McCartneys construyeron y disfrutaron, con sus altos y bajos, una familia mientras grababan pequeñas gemas pop y tocaban alrededor del mundo.

Su historia de amor fue un oasis en los fastos del estrellato. Criaron cuatro hijos mientras cincelaban tontas canciones de amor y otras maravillas.

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