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A los jóvenes de hoy se les acaba el tiempo para ser padres


10/05/2012 - 10:21:41

CNN.- “La semana pasada juraba que estaba embarazada y eso me puso mal; me dio miedo perder mi libertad. No sé si estoy lista para ser madre. Ahora tengo dinero para mantener a un pequeño, ¿pero lo tendré siempre?, ¿o la capacidad para educarlo y brindarle el mejor ambiente para crecer?”. Estas son algunas de las preguntas que se hace Sarahí Mijangos a sus 34 años.

La paternidad no es prioritaria para los jóvenes. La gente que tiene entre 25 a 35 años busca desarrollarse profesional, personal y económicamente antes que comprometerse con la tarea de ser padres, señalan especialistas. Esa escala de prioridades es producto de cambios sociales, como el replanteamiento del concepto de pareja, y avances científicos, como la popularización de los anticonceptivos, e industriales, como la integración femenina al mercado laboral.

Sin embargo, el reloj biológico no responde a estos cambios, sigue marcando los años al mismo ritmo, y a los jóvenes de hoy, como a los de ayer, se les acaba la juventud reproductiva, aunque estén en sus mejores años para todo lo demás.

Sarahí quiere tener hijos, pero es un escenario que le parece lejano y poco factible. “La edad es un asunto a considerar; sé que biológicamente mi cuerpo tiene un tiempo de caducidad, pero no dejaré que ese sea el factor decisivo para tomar una decisión”.

Debemos considerar la época en que vivimos. Cada grupo social tiene ideologías fundamentales o realidades construidas, es decir, cuando las generaciones nacen, adquieren el “deber ser” del grupo al que pertenecen, explica Katya Villafuerte, directora de la licenciatura en Psicología Organizacional del Tecnológico de Monterrey.

La generación X y la negatividad

A lo largo del tiempo se ha observado que, en periodos de 10 y 15 años, se gestan corrientes dominantes que, con el tiempo, se transforman y adoptan nuevos significados. En las generaciones actuales, por ejemplo, estos cambios están muy marcados: los nacidos entre finales de la década de 1960 y hasta los 80 conforman la generación X, y los que vieron la luz entre 1990 y principios de este siglo, pertenecen a la Y.

La generación X, comenta Katya Villafuerte, está integrada por personas de entre 30 y 40 años. Su pensamiento predominante es negativo y no ven futuro para el mundo.

“Para ellos todo es decadencia. Buscan estatus o un lugar en la sociedad; algo que no dependa de formar una familia o de dejar descendencia”.

Fueron los primeros en enfrentar, de manera abierta, las separaciones familiares, los divorcios y los cambios de roles entre padres. “Antes, estas situaciones eran impensables, pero al hacerse más frecuentes y aceptadas, marcaron a los niños de entonces, quienes al crecer ya no quisieron tener hijos u optaron por postergar el ser padres con la convicción de que, al ganar madurez, tendrían más que ofrecer”.

Algunos padres sienten que sacrifican su individualidad por sus hijos.

“Algunas de mis amigas con hijos pueden mantener su carrera y cuidar a su bebé, pero otras no, y pasan el tiempo anhelando lo que dejaron por ser madres; eso no es algo que se me antoje experimentar”, comparte Sarahí.

Rubí Flores, de 32 años, extraña su trabajo y el estilo de vida que tenía antes de tener a su hijo.

“Como todo en esta vida, cuando eres niño quisieras volver a ser bebé, cuando eres adolescente recuerdas cómo era ser niño y así sucesivamente. De repente quisieras salir y parrandear como lo hacía antes, pero al ver la cara de tu hijo te das cuenta de que eso es momentáneo y al final no hay nada que te dé la felicidad que te da la sonrisa de tu hijo al verte o escucharte”.

Diferencias entre la X y la Y

La generación Y, conformada por jóvenes veinteañeros, empieza a marcar un cambio en la ideología imperante, pues apuestan al optimismo, la prosperidad, el regreso a los valores tradicionales y resurge el deseo de formar familias (actuales, no tradicionales), dice la especialista del Tecnológico de Monterrey, Katya Villafuerte.

Entre ellos las separaciones son la norma y no la excepción; sin embargo, son partidarios de las nuevas estructuras como las sociedades de convivencia, la unión libre y matrimonios entre personas del mismo sexo.

“Regresa el idealismo de que se deben tener hijos como fruto del amor. Esto se refleja en las ideas de la conservación del planeta, lo sustentable y su confianza en que sí hay porvenir”, expone.

Un ejemplo de sus propias reglas es que cada vez más parejas deciden tener hijos pero no casarse.

Laura Chávez dice que no le ha importado dejar trabajo, desarrollo académico o profesional, con el único propósito de ser mamá de tiempo completo.

“Hace dos años nació Antonio. Me embaracé mientras cursaba la maestría en Diseño Editorial y trabajaba en un despacho de diseño gráfico. En ese tiempo vivía sola. Me gustaban mi trabajo, mi vida, la relación que tenía con mi pareja y sentía que no necesitaba nada más.

“Pero, cuando me dieron la noticia de que él vendría, supe que era el momento de hacer cambios y sin más, los hice. A los 5 meses de mi embarazo dejé el trabajo, la maestría (me falta sólo un semestre) y me fui a vivir con César, mi pareja.

“Desde ese momento elegí dejar todo lo que antes hacía por dedicarme al 100% a mi hijo. No me arrepiento; al contrario, creo fue la mejor decisión que pude tomar”.   

La transformación de roles

Otras parejas se plantean metas no relacionadas con la paternidad. Las mujeres han entrado de lleno al campo laboral y sus aspiraciones van más allá de empujar una carriola, asegura José Manuel Meza, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Por primera vez, desde que se mide este indicador entre los jóvenes en Estados Unidos, la profesión es prioritaria para más mujeres que para los hombres. El 66% de las mujeres de 18 a 34 años dijo que ser exitosa en su carrera es “una de las cosas más importantes de su vida”, en comparación con sólo el 59% de los hombres de la misma edad, según un informe de la organización Pew Research Center.

Está surgiendo un movimiento, lento, pero latente, de los hombres relacionado al lado emocional y afectivo, que siempre ha sido tan castigado en ellos, dice la académica de la Universidad Iberoamericana, Cinthia Cruz. “Siempre han sido vistos como los proveedores; sin embargo están alzando la voz con relación a que quieren ser parte de la crianza y educación de sus hijos”.

Menos hijos = más atención

A diferencia la década de los 60, cuando se introdujeron los tratamientos anticonceptivos como el dispositivo intrauterino (DIU), actualmente la mayoría de las mujeres los conoce y usa. Datos del INEGI muestran que en 1976, el 89% de las mujeres en edad fértil (entre los 15 y 54 años) conocían al menos un método anticonceptivo y el 30% lo usaba; mientras que en la última encuesta realizada en 2009, el 98% los conoce y el 72% lo usa.

“Tienen una escolaridad medio superior o superior, al igual que sus parejas, y su estatus socioeconómico tiende a ser medio o alto. Más que no tener hijos, lo que pasó es comenzó a disminuir el porcentaje de ellos”, dice la especialista de la Universidad Iberoamericana, Cinthia Cruz.

En 1970 las mujeres tenían su primer hijo entre los 15 y 24 años, y tenían en promedio entre 5 y 6 hijos hasta los 45 años; ahora conciben a su primer hijo entre los 27 y 34 años y tienen un promedio de 2 a 3 vástagos. De hecho la tasa global de fecundidad del INEGI señala que son 2 hijos por mujer de 15 a 49 años.

“Es un nuevo patrón reproductivo en el que no sólo se contemplan los deseos de superarse y cursar una carrera, sino una actitud distinta respecto a lo que significa ser madre, es decir, a tener conciencia de a cuántos menores es posible educar, cuidar y mantener.

En el segundo trimestre de 2011, la tasa de participación económica de las mujeres de 15 años y más con al menos un hijo nacido vivo fue de 42.2%, y entre las madres solteras de 72.4%, según INEGI.

Sarahí desea mantener su estilo de vida, y asegura que si decide ser madre no quiere pasar por ese proceso sola. “Me gustaría contar con una pareja que me apoye y respalde, y hasta que no sea así, no me embarazaré”.

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