- #Especiales
- 2026-03-25
Loading
[Estamos en WhatsApp. Empieza a seguirnos ahora]
Infobae.- ¿Puede un pedazo de queso antes de dormir realmente provocar una noche de pesadillas? O, ¿la fruta puede ser responsable de sueños más lúcidos? La ciencia ha comenzado a desentrañar la creencia de que ciertos alimentos influyen en la calidad y el contenido de los sueños.
En ese sentido, investigaciones recientes, publicadas en International Journal of Dream Research y National Geographic, exploran el vínculo entre la alimentación y los sueños, desmontando algunos mitos populares y revelando conexiones inesperadas entre lo que comemos y lo que soñamos.
Influencia de la alimentación en los sueños y el sueño lúcido
Un estudio dirigido por Josua Biehl y publicado en International Journal of Dream Research (en 2022) encuestó a 436 personas interesadas en los sueños lúcidos para analizar la relación entre el consumo de alimentos comunes y la frecuencia de fenómenos oníricos.
Los resultados mostraron que quienes consumen frutas con regularidad tienden a recordar sus sueños con mayor frecuencia, una asociación posiblemente vinculada al aporte vitamínico de estos alimentos. Por su parte, el consumo de pescado se asoció de manera significativa con la aparición de sueño lúcido, incluso tras ajustar variables como la edad y la personalidad.
El estudio también identificó que los alimentos picantes, como el chili, se relacionan con una mayor frecuencia de hipnagogia, ese estado transitorio entre la vigilia y el sueño, probablemente debido a los efectos de la capsaicina.

Queso, intolerancia a la lactosa y pesadillas
El queso ha sido protagonista de uno de los mitos más persistentes sobre la alimentación y los sueños. En 2005, la British Cheese Board patrocinó un experimento en el que 200 voluntarios informaron sobre sus sueños tras consumir diferentes tipos de queso antes de dormir.
National Geographic destaca que, a pesar de la popularidad de este mito, la evidencia científica apunta en otra dirección. Un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology encontró que las pesadillas tras consumir queso o productos lácteos eran mucho más frecuentes en personas con intolerancia a la lactosa, especialmente aquellas que experimentaban síntomas gastrointestinales intensos durante la noche.
La investigación de Marie-Pierre St-Onge, directora del Centro de Excelencia para la Investigación del Sueño y Circadiana de la Universidad de Columbia, citada por National Geographic, ha demostrado que una dieta rica en frutas, verduras, fibra, cereales integrales y frutos secos favorece un sueño más reparador y menos fragmentado.
Por el contrario, las dietas bajas en fibra y altas en grasas saturadas y alimentos procesados se asocian con un sueño más ligero y con despertares frecuentes. La relación entre sueño y alimentación es bidireccional. Erica Jansen, epidemióloga nutricional de la Universidad de Michigan, ha observado que la privación de sueño altera el apetito y la elección de alimentos.
Según Jansen, “cuando se lleva a las personas al laboratorio y se las priva del sueño, ya sea una noche entera o se les limita a cuatro o cinco horas, comen de forma diferente al día siguiente. Consumen más calorías. Tienen más antojos de alimentos ricos en energía. Eligen comer más carbohidratos refinados y más grasas”. Este fenómeno podría estar mediado por hormonas como la leptina y la grelina, que regulan el apetito y se ven afectadas por la falta de descanso.
Jansen también sugiere que los despertares frecuentes, asociados a alimentos ricos en grasas saturadas como el queso, pueden aumentar la probabilidad de recordar sueños, ya que la mayoría de los sueños ocurren durante la fase REM y es más fácil recordarlos si se interrumpe el sueño en ese momento.
Así, la relación entre alimentación y sueños se revela como un terreno donde la ciencia y el folclore se entrelazan, y donde las creencias populares a menudo superan a la evidencia. Muchas de las ideas que circulan sobre el queso y las pesadillas parecen tener más que ver con la cultura y la publicidad que con la realidad científica.