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- 2026-03-30
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La estatal YPFB inició un programa de limpieza en los tanques de sus 75 estaciones de servicio propias, admitiendo la presencia de lodos, sedimentos y agua en el fondo de sus depósitos de combustible.
Sin embargo, el anuncio deja un vacío crítico para el parque automotor: en Bolivia operan más de 700 surtidores, lo que significa que el 90% de las estaciones, de carácter privado, quedan fuera del control directo de este operativo.
Bajo la lupa de La Mesa de Análisis, esta medida es una respuesta tardía e insuficiente que no garantiza que la gasolina llegue libre de impurezas a los inyectores de los 10.000 vehículos que ya reportan daños.
El proceso de limpieza, que toma hasta tres días por estación, revela que la acumulación de residuos es tan grave que requiere el ingreso físico de personal con equipos de ventilación para retirar la corrosión interna.
La gran interrogante que YPFB no responde es el origen de la contaminación: si el carburante llega sucio desde la importación, limpiar el tanque es apenas un paliativo que se volverá a ensuciar con el siguiente despacho.
Para el usuario común, no existe hoy un mecanismo de transparencia o certificación que le permita saber si el surtidor donde carga ha cumplido con la purga de sedimentos y lodos.
La Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) debería ser la encargada de certificar la limpieza en los más de 600 surtidores privados, pero hasta el momento no se ha emitido una norma que obligue a este mantenimiento de emergencia.
El gerente de Comercialización de YPFB, Nelson Mendoza, confirmó que solo se han intervenido 20 estaciones de las 75 estatales, dejando al resto del país en una "ruleta rusa" mecánica por los próximos meses.
Mientras los tanques se limpian a cuentagotas, los talleres mecánicos siguen recibiendo vehículos con sistemas de inyección destruidos por el carburante contaminado, un costo que el Estado sigue sin asumir.
La falta de información clara sobre el cronograma de limpieza en estaciones privadas genera una desconfianza masiva en el consumidor, que ahora busca desesperadamente surtidores "confiables" sin tener una guía oficial.
El Dato de Cierre: Solo 1 de cada 10 surtidores en Bolivia pertenece a YPFB; el resto depende de la voluntad de propietarios privados y de una fiscalización de la ANH que hoy brilla por su ausencia.