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Solitario, he estado escribiendo sobre la transnacional del crimen organizado durante aos, pero ahora estoy asombrado por el poder de esa organizacin, que acaba de movilizar a funcionarios de la embajada de Espaa en La Paz para proteger a unos masistas refugiados en la embajada mexicana.
Que la transnacional tenga poderes en Per, Colombia, Venezuela, Cuba y Mxico era algo obvio, pero que llegue a movilizar a funcionarios de la embajada de Espaa no se puede entender, salvo que la accin no hubiera sido de conocimiento del gobierno de la Madre Patria.
Pedro Snchez, el actual presidente de gobierno de Espaa, ha visitado al cocalero Evo Morales en su gira por la regin, quiz sin saber que en Bolivia se estaba viviendo un proceso electoral, y que estaba ayudando al cocalero.
Ahora ocurre que funcionarios de la embajada espaola decidieron participar, a bordo de vehculos con la identificacin diplomtica espaola, de una operacin comando para rescatar a los nueve masistas refugiados en la embajada mexicana.
No se sabe por qu la embajada de Espaa se vio involucrada en semejante escndalo. Por qu un pas latinoamericano decide convertirse en el juez que decide si Bolivia tiene o no tiene derecho a destronar a un dictador.
Para tratar de entender este entramado habr que comenzar por entender que el gobierno de Mxico ha capitulado ante los crteles de la droga, como qued demostrado hace tres meses cuando el presidente de ese pas orden, en persona, que la polica mexicana ponga en libertad al hijo del narcotraficante Chapo Guzmn en Sinaloa.
El gobierno mexicano lleva adelante una poltica de rendicin ante los crteles, lo que ha provocado que la tasa de crmenes del narcotrfico se haya disparado en los doce meses del gobierno de Lpez.
Pero sigue sin encajar en este anlisis la participacin de Espaa. Algo est fuera de lugar de los esquemas de anlisis. Algo que no se sabe sobre el poder verdadero de la transnacional del crimen organizado. Que sus alcances lleguen hasta Europa era algo que se sospechaba, pero jams que hubiera llegado a penetrar en el gobierno de Espaa de semejante manera como se puede observar hoy.
Admitamos que las revolucin de las pititas no ha podido prever la magnitud de la batalla contra el frente externo. Haba derrotado a un dictador de segundo orden, un dictadorzuelo, un analfabeto cualquiera, pero no se enter del poder que tena detrs el mequetrefe: toda una transnacional que maneja desde instituciones y medios de comunicacin hasta gobiernos extranjeros.
Siglo21bolivia.com