Lunes 27 de julio 2026

El dólar en Bolivia: el mercado ha emitido su primer veredicto



100 vistas

Después de más de una década con un tipo de cambio fijo, el nuevo esquema de tipo de cambio flexible que está vigente en Bolivia desde el 29 de junio del 2026 es uno de los cambios más importantes en la política cambiaria del país. Al cumplirse un mes de este nuevo sistema, el mercado ha emitido su primer veredicto: lejos de estabilizar el tipo de cambio flexible, el mercado ha comenzado a mostrar una tendencia al alza, alcanzando los 11.37 por dólar al 26 de julio del 2026. Esto refleja que el precio oficial está descubriendo el verdadero equilibrio entre la oferta y la demanda de dólares. La Oferta no cubre la creciente demanda.



La principal ventaja del nuevo esquema es que corrige una de las mayores distorsiones que acumuló la economía boliviana en los últimos años, que fue la de mantener un tipo de cambio oficial que ya no representaba la realidad del mercado.



 Durante mucho tiempo coexistieron varios precios del dólar, como el oficial, el paralelo, el financiero, el informal, etc. Con el nuevo sistema, el gobierno acepta que el precio de la divisa debe reflejar al menos en parte las condiciones reales del mercado.



Desde la perspectiva económica, esto representa un avance importante porque mejora la transparencia, reduce distorsiones y facilita las decisiones de inversión. También permite una asignación más eficiente de los dólares; en otras palabras, también empieza a dejarse atrás una ficción cambiaria.



Sin embargo, el primer mes  nos deja señales preocupantes: la rapidez con la que se ha incrementado el tipo de cambio muestra que la demanda de dólares sigue superando con creces a la oferta y esto confirma que el problema estructural no ha sido solo el precio del dólar, sino la escasez de dólares. Y mientras Bolivia no aumente de manera sostenida el ingreso a dólares a través de mayores exportaciones, inversiones extranjeras, turismo, remesas y financiamiento externo, el mercado cambiario seguirá enfrentando fuertes presiones.



A esto hay que sumar el hecho de que la confianza de la ciudadanía y las expectativas aún no se han recuperado, y esto fundamentalmente por dos motivos principales: por un lado, la ciudadanía sabe que el gobierno no da las señales necesarias que demuestren determinación en la disminución del déficit fiscal, es decir, no hay cambios estructurales que ayuden a lograr el equilibrio de las cuentas del Estado; seguimos gastando más de lo que nos ingresa, y esto genera incertidumbre, aumento de la masa monetaria y empuja a la inflación; y por otro lado, el sistema financiero no ha recuperado la normalidad de las operaciones con los dólares, a través del cambio de moneda, de los depósitos y retiros normales y de la otorgación de créditos en la moneda norteamericana.



El nuevo sistema de tipo de cambio flexible no ha solucionado el problema de fondo; simplemente lo ha hecho visible.



¿Pero por qué subió tan rápido el dólar? Hay varios factores que explican esta escalada: El primero es la demanda acumulada durante varios años; muchas empresas y personas que no podían acceder al dólar oficial comenzaron a demandarlo cuando se implementó el mecanismo con mayor transparencia, El segundo factor ha sido la incertidumbre; cuando un país cambia su régimen cambiario después de tantos años, los agentes económicos suelen refugiarse en el dólar como un medio de protección. El tercer factor es la insuficiente oferta de divisas. Nuestro país sigue recibiendo menos ingresos por exportación de gas; las exportaciones no se recuperan del bloqueo de los casi dos meses que paralizaron al país. Los importadores están demandando dólares que la oferta no puede cubrir; los agroexportadores están semiparalizados debido a la falta de diésel por tanto no están exportando con normalidad, Hay poco ingreso de inversión extranjera, un déficit fiscal en ascenso e insuficiente financiamiento externo. Finalmente, hay una importante componente de expectativas: cuando la población ve que el dólar aumenta varios días seguidos, muchas personas deciden comprar como manera de proteger su dinero.



¿Qué significa esto en realidad para los ciudadanos? La consecuencia más inmediata es el aumento gradual del costo de vida, pues muchos productos que se producen en el país dependen de insumos importados, además de que hay numerosos productos que directamente no producimos y debemos traer del exterior.



Estos productos han empezado a reflejar en sus precios el nuevo tipo de cambio; esto incluye alimentos importados, medicamentos, equipos electrónicos, vehículos, maquinarias, repuestos, materiales de construcción, fertilizantes, etc. Los importadores ven sus márgenes de ganancia reducirse y, además, necesitan más capital para importar la misma cantidad de mercancías. Quienes tienen crédito en dólares enfrentan un aumento en el costo de sus cuotas y sus ingresos siguen siendo en bolivianos.



Asimismo, aumenta el costo de los contratos financieros y operaciones internacionales; las familias y empresas con créditos que compraron terrenos o propiedades cuyo precio se fijó en dólares también ven un aumento de sus cuotas cuando se calcula al nuevo tipo de cambio.



El sistema financiero enfrenta un escenario aún más complicado porque, aunque disminuyó el riesgo de operar con un tipo de cambio artificial, aumentó el riesgo crediticio. Familias y empresas con deudas en dólares tienen mayores dificultades para cumplir sus obligaciones, lo que incrementa la probabilidad de que puedan caer en mora las próximas semanas.



En realidad, el reflejo de esta pérdida de poder adquisitivo frente al dólar del boliviano ha significado que en la primera semana de aplicación del nuevo sistema el boliviano pierda más del 40% de su poder adquisitivo frente al dólar, y si bien la mayoría de los ciudadanos ganamos en bolivianos y realizamos operaciones en bolivianos, nos afecta el hecho de que los productos que requieren insumos importados para su producción, así como los importados, estén recibiendo ese incremento del valor del nuevo tipo de cambio, lo que hace que este costo se traslade al consumidor final, tanto empresas como familias, y por ende afecte el nivel de la inflación y el poder adquisitivo de los salarios e ingresos.



Si las condiciones actuales se mantienen, no se pueden descartar nuevos episodios de volatilidad, ya que además todavía hay una demanda reprimida que probablemente continuará manifestándose en las próximas semanas. Si la banca no recibe dólares para volver a operar normalmente con moneda norteamericana, es muy difícil que la confianza se recupere y la gente vuelva a depositar sus dólares en el sistema financiero.



El nuevo régimen cambiario confirma una realidad que muchos economistas han advertido durante años: transparentar un problema no significa resolver el problema. Y la señal es clara: aún existe una importante brecha cambiaria entre este nuevo tipo de cambio flexible oficial administrado por el Banco Central y el dólar de la calle. La confianza en la economía aún no se ha recuperado por completo.



La estabilidad del nuevo régimen cambiario dependerá menos del mecanismo para determinar el tipo de cambio y más de la capacidad del gobierno para recuperar la estabilidad macroeconómica, fortalecer el ingreso de divisas al país, atraer inversión privada y generar nuevas fuentes sostenibles de ingreso de dólares. Solo entonces el tipo de cambio dejará de ser un reflejo de la incertidumbre y se convertirá en el resultado de una economía que gradualmente recupere su equilibrio y confianza. Mientras tanto, el mercado ha dado su primer veredicto.

* Economista