- #Especiales
- 2026-01-31
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En el corazón del Himalaya, el reino de Bután desafía la lógica de la modernidad global al ser el único país del mundo que no utiliza semáforos para ordenar su tráfico.
A diferencia de las urbes caóticas, la capital Thimphu confía su flujo vehicular a policías que, con gestos elegantes y precisos, dirigen a conductores y peatones desde casetas decoradas.
La ausencia de luces no es falta de dinero, sino una decisión cultural: en 1995 instalaron un semáforo y la población lo rechazó por considerarlo impersonal y perturbador.
El dispositivo electrónico duró apenas 24 horas funcionando antes de ser retirado, tras la presión de ciudadanos que prefieren el vínculo humano sobre la automatización fría.
Este modelo de tránsito se basa en la Felicidad Nacional Bruta, un indicador donde el bienestar colectivo y el respeto mutuo valen más que el crecimiento económico acelerado.
Para mantener este orden, el gobierno aplica altos impuestos a los autos y lanza campañas viales con mensajes ingeniosos que apelan a la prudencia y no al miedo.
Bután demuestra que la conexión social y la armonía pueden ser más eficientes que los algoritmos, manteniendo una identidad intacta frente a la masificación del siglo XXI.
El Dato de Cierre: Con un 91% de su población declarándose feliz, este reino del Himalaya prueba que vivir sin el estrés de las luces rojas es una de las claves para la paz mental colectiva.