Sábado 21 de febrero 2026

El último adiós por el foro

Santalla cumplió su promesa: La despedida del maestro en el escenario de la vida



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El telón ha caído definitivamente en el Instituto Chuquisaqueño de Oncología. David Santalla, el hombre de las mil caras y las diez mil risas, ha fallecido este sábado tras una batalla que libró con la misma tenacidad con la que construyó su carrera cinematográfica y teatral. En sus últimas horas, el silencio fue su único compañero de escena; el actor perdió el habla, pero mantuvo la consciencia intacta para recibir el último acto de amor de su esposa, Sandra Saavedra.

"Aquí estoy, como te lo prometí", fueron las palabras que marcaron el adiós definitivo. Saavedra, quien se mantuvo como su directora de vida y apoyo incondicional en los momentos de mayor fragilidad, confirmó que el maestro partió en paz, cumpliendo el pacto de fidelidad que los unió hasta el suspiro final en la ciudad de Sucre. Santalla no se fue solo; se lleva consigo a 58 personajes que ya son parte del ADN cultural boliviano, dejando una herencia de identidad que trasciende generaciones.

Su calvario médico comenzó con una internación de emergencia que rápidamente escaló a cuidados intensivos debido a una falla multiorgánica. Durante este proceso, el país fue testigo de la degradación física de un hombre que, a sus 86 años, se aferraba a la vida con la misma pasión con la que pisaba las tablas. La afasia que lo dejó sin voz en sus últimos días fue el prólogo de un desenlace que hoy estremece a los círculos artísticos, especialmente en el occidente boliviano donde su figura era casi tutelar.

El legado de Santalla se cimenta en la creación de arquetipos inmortales como la irreverente Imilla Salustiana o el entrañable y cascarrabias Don Vito de la película Mi Socio. Pero su genio también dio vida a Toribio, Enredoncio y el Enmascarado, figuras que convirtieron el teatro nacional en un espejo crítico y humorístico de nuestra propia realidad social. Su disciplina en el escenario y su capacidad de improvisación lo convirtieron en un referente absoluto que difícilmente podrá ser reemplazado en el corto plazo.

A pesar de haber superado una hemorragia cerebral en 2015, esta vez su cuerpo no pudo resistir el avance de las complicaciones oncológicas. La noticia de su fallecimiento en el hospital de Sucre cierra un capítulo dorado de la historia artística de Bolivia, dejando a un país que hoy no ríe, sino que guarda un minuto de silencio profundo por su genio más brillante. El maestro ha hecho su último mutis por el foro, pero los aplausos de su público resonarán eternamente en cada rincón donde una de sus obras sea recordada.

El Dato de Cierre: Se espera que en las próximas horas se concrete el traslado de sus restos hacia la sede de Gobierno para un homenaje nacional que permita a su pueblo darle el último gran aplauso al artista que unificó a Bolivia con su talento.


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