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- 2026-03-16
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Sebastián Marset, el prófugo que desafió a múltiples gobiernos desde la clandestinidad, ha pisado finalmente el suelo que sella su destino: un tribunal federal en Virginia.
La comparecencia de este lunes, bajo la lupa de La Mesa de Análisis, no es solo un trámite legal, es la confirmación de que el poder del uruguayo se diluyó al cruzar la frontera norteamericana.
La Oficina del Fiscal del Distrito Este no ha mostrado fisuras al informar que Marset enfrenta una condena de hasta 20 años de prisión si es hallado culpable de lavado.
Tras su captura el 13 de marzo en Santa Cruz de la Sierra, el complejo andamiaje de protección que rodeaba al investigado se desplomó frente a la cooperación internacional.
Desde la otra acera, se sabe que enfrentar al sistema judicial de Estados Unidos es una batalla perdida cuando existen cargos por mover miles de kilogramos de sustancias controladas.
Los fiscales Anthony T. Aminoff y Catherine Rosenberg sostienen que la organización de Marset no conocía límites, operando desde Sudamérica hasta los puertos más importantes de Europa.
El antecedente es letal: su socio cercano, Federico Santoro, ya purga una condena de 15 años tras declararse culpable, marcando el camino que hoy recorre Marset.
No se trata solo de tráfico; la justicia federal castiga con rigor la conspiración para lavar dinero, el motor que financiaba los lujos y la fuga del uruguayo.
Bolivia observa este proceso desde la distancia, viendo cómo el hombre que puso en jaque a su policía ahora es un número de serie en el sistema penitenciario de Virginia.
El tiempo de los videos desafiantes y las huidas espectaculares terminó; ahora el reloj de Marset solo cuenta los días que le quedan en una celda federal.
La justicia estadounidense determinará la sentencia final basándose en las Pautas de Sentencia tras considerar la magnitud de los envíos que llegaban a las 10 toneladas.