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Dos escndalos de imprevisibles consecuencias han sacudido, la semana pasada, la atencin de los bolivianos, uno: el sonado caso del huidizo sbdito peruano Martin Belaunde, que concluy con su captura y posterior entrega espectacular a las autoridades de su pas, la que nos trajo a la memoria aquellas pelculas del Far West, donde primaba el triunfo del cazarrecompensas, papel que en este caso, infortunadamente, le toc desempear a S.E., en una situacin bochornosa que ser motivo de otro artculo y la segunda, y ms importante, el escndalo de la FIFA destapado por la Fiscala y el Departamento de Justicia de los EE.UU.
Ambos sucesos tienen una implicancia directa con nuestro pas empero, el de la FIFA concita nuestra mayor atencin, toda vez que encierra una verdad virtual insoslayable, como es el inexplicable involucramiento del Departamento de Justicia norteamericano, en un organismo que hasta hace muy poco tiempo les era relativamente extrao. De ah que pensar que dicha determinacin obedece a ribetes meramente deportivos, ticos o morales entraa un error garrafal y ms bien, deberamos detenernos en los factores de orden econmico y poltico que determinan este caso y son los que han convocado la atencin mundial.
En efecto, dicha decisin obedece a una investigacin iniciada hace 12 aos por el FBI y el Departamento de Justicia de los EE.UU. en razn a que la FIFA se haba convertido en una suerte de organizacin mafiosa, montada por nueve directivos, que se apropiaron de millonarias sumas de dinero. De ah que la fiscal Loretta Lynch afirm que los implicados corrompieron el mundo del ftbol al menos durante 20 aos. Sin embargo, pese a la lapidaria sentencia de la alta magistrada estadounidense y conociendo que con los EE.UU., dichos impasses econmicos pueden ser superados, en tanto y cuanto estos sean pactados dentro de un marco de seriedad y exentos de toda mamada, desde un ngulo poltico, resulta explicable la severa actitud de la fiscalen especial, cuando en forma extraa, los ejecutivos de la FIFA dispusieron otorgar la sede del campeonato mundial a Rusia para el 2018,y a Qatarpara el 2022.
En lo que a Rusia serefiere, Vladimir Putin se adelant en sealar que las acciones contra la FIFA eran un intento de impedir la reeleccin de Joseph Blatter y de que Rusia sea la sede del Mundial en 2018. Esta vez, el 007 ruso se equivoc en lo de Blatter, pero puede que est muy acertado en su segunda afirmacin, pues dicha medida de presin no debe estar descartada en el Departamento de Estado, como un arma letal contra el gobierno ruso.
Sin embargo, lo verdaderamente grave radica en la eleccin de Qatar, como sede del mundial 2022, ya que es el nico pas del Golfo Prsico aliado a Siria y a Irn, en marcado contraste con el consenso rabe sunita y es, adems, anfitrin regular de lderes islamistas. Su gobernante el jeque Hamadbin Califa al-Thani, es esencialmente anti-occidental y permite al movimiento terrorista Hamas tener oficinas y recaudar fondos en su territorio. Ante la creciente amenaza del fundamentalismo yihadista y la guerra abierta que se viene librando en contra de estas organizaciones terroristas resulta pues comprensible la intervencin de los EE.UU. y la tarjeta roja para la FIFA.