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No puedo aceptar, me resisto a creer que podemos bajar los brazos, dejar que nos golpeen y sigamos el camino como si nada hubiera sucedido. Y no es, como comienzan a decir, que el asunto es una novela, con muchos episodios donde se mezcla el amor, odio, venganza y tantos ingredientes que terminan por banalizar su contenido. No podemos seguir siendo una sociedad de memoria corta, donde como se dice pasa todo y no pasa nada porque entonces todo lo que nos sucede nos lo merecemos, porque nos convertimos en cmplices y encubridores.
No podemos desligar la relacin sentimental del Presidente con el uso indebido de influencias para ocasionar dao econmico al Estado. Es tan simple que no deba hacerse necesario explicarlo. Porque existi una relacin sentimental entre el Presidente y la seora Zapata, es porque se produjo el delito de uso indebido de influencias, as que lo primero lleva a lo segundo irremediablemente. En otras palabras sin la existencia de la relacin personal no hay delito.
Y eso es lo que desde el Gobierno se ha tratado de hacer. Negar cualquier vnculo entre el Presidente y la seora, para desvirtuar el delito penado por ley. Si lo hicieron mal es otra cosa. Mintiendo, falseando los hechos y tratando de probar lo que no pueden. Pero la intencin era y es an muy clara. Por eso se toman medidas radicales con la seora Zapata para aislarla y evitar que diga lo que sabe.
Lo que sucede es que el equipo presidencial ha cometido errores tan enormes, en la intencin de sacar al Presidente de la escena de delito, que a esta altura es muy difcil creerles todo lo que digan haca delante. Cuando los testigos falsean la verdad pierden todo su valor.
Esta situacin deviene del miedo. Miedo presidencial para enfrentar la situacin con la verdad, porque simplemente esta verdad lo crucifica, demuestra el delito, entonces el miedo se transfiere al Vicepresidente y los Ministros que saben la verdad y que por ello mismo se sienten culpables por complicidad.
Lo que pasa es que el miedo tiene grados, a mayor culpabilidad mayor miedo de que se sepa la verdad y entonces comienzan la acusaciones mutuas. El Ministro de Gobierno trata de mostrarse ajeno al centro del asunto y resuelve ayudar al Presidente trabajando con jueces venales para aislarla en una celda, al mismo tiempo que le facilita medios para que haga declaraciones, que hacen blanco directo en el Ministro de la Presidencia. El Ministro de Gobierno sabe que su colega est metido hasta el cuello en el uso indebido de influencias y que nica forma de evitar daar al Presidente es sacrificndolo. Al final para eso estn los Ministros, alguien us la palabra fusibles para dejar claro que cuando el Presidente se equivoca son los Ministros lo que pagan la factura.
Esta situacin ha colocado al Ministro de Gobierno frente al de la Presidencia y al Presidente en la disyuntiva de tomar una decisin. Si la seora Zapara da a conocer los palos blancos del Ministerio de la Presidencia entonces la suerte del Ministro est sellada. Pero esto tiene consecuencias. La factura que cobrar ser muy alta.
En todo este penoso asunto, est la administracin de Justicia. A la que desde el Poder Ejecutivo se la ha calificado como podrida. Es esta justicia podrida la que tiene que darle la direccin al delito del cual existen suficientes pruebas e indicios como para que el Procurador General acte en defensa de los intereses del Estado. Visto est que eso no suceder, dada la calidad de podrida que tiene.
Es cuando ante esta realidad que la ciudadana comienza a banalizar los hechos. No se puede hacer nada, se dice entre voces, Evo est blindado. Esto es cierto hasta un momento en el que todo lo que le sostiene se desmorone. Y comienza a ocurrir.