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As como el gobierno se ufana de que nuestro pas es el primero y nico en el mundo que elige a sus magistrados del rgano Judicial, no es menos cierto que la catarata de votosnulos y blancos que suelen arrojar estas elecciones, en especial esta ltima,es demoledora y ellos se puedeostentar ante el Universo, como la primera muestra palmaria del rechazo de un pueblo, al rgimen que lo gobierna.
Bajo ese pertinaz sonsonete Hemos venido a quedarnos, tantas veces expresado por los caudillos que sucumbieron a las directrices del Foro de Sao Paulo y,quienes bajo el influjo del micomandanteHugo Chvez erigieron su plataforma para construir una democracia que a su vez la pretenden destruir, nos encontramos ante una estrategia que cundi como una pandemia, desde Mxico hasta la Argentina, con excepciones de Per y Paraguay, que dieron un paso al costado, por razones suficientemente conocidas.
De esta forma, gradual y sistemticamentevarios pases como: Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay, etc., tomaron prudente distancia de ese experimento y se dieron a la ardua tarea de reconstruir lo destruido, a pesar de que el huevo de la serpiente iba germinando sin apuro y sin pausa, encubado por las astronmicas sumas de dinero de esa flamante transnacional del narcotrfico, an ms poderosa que las propias petroleras y de aquellos dinerosexpoliadas a sus pueblos.Entoncescomenz la tarea de desestabilizar aquellos gobiernos que se abocaron a la reconstruccin de la democracia,con undenodado afn de derrocarlos.
En medio de ese desembozado afn de salir de lo comn para ingresar en lo ridculo, priman inequvocamente regmenes que quieren demostrar lo que no tienen y su aspiracin de ser originales es ms fuerte que el de ser originarios.
Como si de una poblacin ovejuna se tratara, ya resultaaltamente sospechoso el tratar de convencernos de que la Constitucin, que tanto sudor y sangre cost en La Calancha, ahora contradice el artculo 23 de la Convencin Americana sobre Derechos Humanos, que reconoce el derecho de los ciudadanos a la participacin poltica. Algo similar a afirmar que el cdigo penal, que prohbe robar, vulnera el derecho de la Sra. Achacollo de acceder a la presidencia del FONDIOC o que Juan Pari no debe ir a la crcel, porque todo ciudadano tiene derecho a tener un trabajo.
Utilizando el populismo como herramienta, ahora se busc una nueva reeleccin con unas elecciones judiciales que le permitieran al gobierno contar con los elementos dciles que le franqueen dicha posibilidad, al igual que lo hicieron sus colegas del Tribunal Constitucional al declarar inconstitucional la propia Constitucin de BoliviaLa acumulacin excesiva de poder destruye la esperanza!
Otra vez el pueblo se le encabrit y dos tercios de los ciudadanos que votaron entre nulo o blanco le volvieron a decir NO a su propsito, y para evitar ser el nulo del mundo.