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Todo cambi de improviso. De un momento a otro el mundo se detuvo, par su incesante trajinar: se hizo el silencio y se prolong tanto, y por tanto tiempo, que pareca retumbar ms que el trueno.
La muerte golpe primero a un pas lejano, pero luego se hizo cada vez menos distante, hasta afectar a todos, al orbe entero. Solo entonces la Humanidad, sa que envuelta en sus devaneos se jactaba de su podero, se dio cuenta de su gran debilidad y vulnerabilidad extrema.
Desasosiego, preocupacin y desesperanza; desgarradoras escenas de dolor en familias, sin poder enterrar a sus muertos; llanto por doquier al perder a sus seres queridos. Cada quien en lo suyo con su propia congoja a cuestas, sin tiempo ni ganas para consolar al desvalido: al contrario, los ms primitivos instintos de conservacin afloraron, mostrando lo inhumano del ser humano.
Lo inimaginable haba ocurrido: la bulliciosa vida del planeta call en un instante, siendo expectantes todos por las noticias que una tras otra, no hacan sino enmudecer ms las almas de los atribulados ante la cantidad de muertos y el nmero de los contagiados que suba.El desenfreno se torn en contencin, la algaraba en quietud inducida y hasta la delincuencia decay.
Eventos sociales y deportivos, fiestas, actividades religiosas y educativas, el frenes de la diversin, de pronto todo fue acallado, detenido. Los viajes de placer y de negocios, quedaron afectados. Los sueos y proyectos venideros,fueron truncados. El mundo se haba detenido, casi en seco.
Sin poder haberlo imaginado siquiera, gran parte de la gente se vio en una cuarentena obligatoria en sus casas, un confinamiento para evitar el contagio del mal desatado contra el rico y el pobre; el ignorante y el letrado; la realeza y el plebeyo; los gobernantes y los gobernados; el famoso y el desconocido; el maligno suceso afect sus vidas, sin que muchos pudieran evitar el fatal desenlace.
No fue un asteroide el causante; tampoco un terremoto global; no fueron ciclones de magnitud, maremotos o tsunamis simultneos; ni un diluvio que lo inundara y destrozara todo -no- nada de eso fue lo que puso de cabeza al mundo. Fue una diminuta molcula, un virus infinitesimal, el Covid-19, que vino a demostrar lo frgil de la vida y lo vano de la altivez humana.
Sin embargo, de lo malo sali algo bueno: en medio del dolor y la desesperacincuntos alzaron sus ojos a Dios por primera vez y cuntos se acordaron de l, algo que sin el Covid-19, probablemente nunca hubiera pasado
(*)Pastor y Economista
Santa Cruz, 3 de junio de 2020