Martes 14 de abril 2026

Más respeto al voto secreto en democracia y menos show de encuestas



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El artículo 26, numeral 2), de la Constitución boliviana establece que el derecho a la participación política incluye el sufragio mediante el voto igual, universal, directo, individual, secreto, libre y obligatorio; por lo tanto, desde la óptica del sufragio, la democracia no es un deporte de espectadores, sino que implica la participación a través del voto libre y secreto.



La libertad implica responsabilidad; en consecuencia, cada persona debe informarse de manera responsable (leer y analizar por su propia cuenta) sobre los antecedentes de los políticos, su conducta, lo que han hecho y lo ocurrido durante los últimos cinco años y, posteriormente, emitir su voto de manera reservada.



En consecuencia, es una total contradicción que exista demasiado embrollo sobre encuestas cuando se supone que estamos en democracia. No se trata de andar diciendo por quién se va a votar ni de declarar a los cuatro vientos que, de acuerdo con la afiliación política, se votará por tal persona; eso es algo tribal, propio de una mentalidad feudal.



Se supone que el voto debería ser consciente, individual y “secreto”; así está diseñado el proceso democrático. Sin embargo, nada de eso se respeta, pues con fines publicitarios se insta a que la gente diga por quién va a votar. Si decimos ser democráticos, implica que mi voto y tu voto consisten en el derecho que tenemos a decidir de forma personal.



No se trata de dejarse manipular en función de lo que los demás supuestamente dicen que harán (de sus intenciones) reflejado en encuestas exhibidas como estadísticas, cuando estas se encuentran en contrarruta con la naturaleza misma del voto en democracia, que debe ser “secreto”.



Con todo ello, es menester entender que la democracia solo funciona cuando el ciudadano vota con integridad, basándose en la sensatez y no en el fanatismo, la religión, la casta, la afiliación política, la presión social o familiar, ni en estadísticas. Es una decisión personal.



Entiéndase que la idea auténtica de la democracia, basada en el voto “secreto”, convierte a las encuestas en un sinsentido, pues el hecho de declarar por quién se va a votar o de instigar a otros a hacerlo es profundamente antidemocrático. Constituye un flagrante despropósito desde la perspectiva democrática, por cuanto tu voto es tu decisión y este es, y debe ser, “secreto”. Esa es la regla de juego acorde al diseño democrático. Seamos consecuentes.