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- 2026-03-13
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Sebastián Marset, el criminal que puso en jaque la seguridad del Cono Sur, ya no está en suelo boliviano. Bajo la custodia directa de la DEA, el uruguayo fue embarcado en la aeronave N846DJ rumbo a Estados Unidos, cerrando un capítulo de impunidad que duró casi tres años.
Este traslado relámpago, con escala técnica en Lima, busca asegurar que el capo no tenga contacto con sus redes de protección locales, bajo la lupa de La Mesa de Análisis, donde la velocidad de la entrega revela la nula confianza de Washington en las instituciones bolivianas.
Marset estuvo prófugo desde el 29 de julio de 2023, cuando logró escapar de un megaoperativo en Santa Cruz tras ser alertado por "alguien" dentro de la propia cúpula policial, un hecho que desató una crisis política sin precedentes.
Desde la otra acera, el Gobierno intenta presentar el hecho como un éxito propio, omitiendo que fue la recompensa de 2 millones de dólares y la presión internacional lo que finalmente obligó a cerrar el cerco sobre Las Palmas.
Durante sus más de 950 días de fuga, Marset no se escondió en la selva; vivió en zonas exclusivas, manejó equipos de fútbol y se dio el lujo de enviar videos a los medios nacionales burlándose de la incapacidad del Estado.
El operativo de esta madrugada, que culminó con su aprehensión en el tercer anillo, pone fin a la leyenda del "hombre invisible" que utilizaba identidades falsas, como la del brasileño Luis Amorim, para operar a plena luz del día.
La aeronave que lo traslada ya sobrevuela espacio aéreo internacional, alejando al uruguayo de una posible red de rescate que, según inteligencia paraguaya, contaba con vehículos blindados y armamento de guerra en la capital oriental.
Estados Unidos lo requiere por ser el cerebro de una red que inundó de sustancias controladas los mercados de Europa y Norteamérica, utilizando a Bolivia como un puente logístico intocable hasta el día de hoy.
El ministro Marco Antonio Oviedo deberá explicar en su conferencia por qué el criminal más buscado del mundo pudo vivir en un barrio residencial de Santa Cruz sin ser detectado por los servicios de inteligencia locales.
La salida de Marset marca el fracaso de la justicia local para procesarlo, prefiriendo la extradición rápida para evitar que su declaración comprometa a altos mandos. El uruguayo se va a Estados Unidos llevándose consigo los secretos de quiénes le permitieron ser el "dueño" de Santa Cruz durante años.