Loading
Cinco siglos antes del advenimiento de nuestro seor Jesucristo, un lapso de tiempo similar al que nos separa hoy de la llegada de Coln a la Amrica y mucho antes de que los aimaras hubiesen derrotado al imperio Romano (segn S.E.), ste se encontraba enfrascado en una feroz guerra contra un pueblo vecino a Roma llamado los Ecuos.
Ante la manifiesta incompetencia del Cnsul que diriga esta contienda, que los coloc al borde de la derrota, acudieron a Lucio Quincio Cincinato, un patricio caracterizado por su integridad y honradez, que haba decidido no intervenir ms en poltica y retirarse a su finca (Cato) para labrar la tierra, debido a que consider injusto el exilio de su hijo, por actos de insolencia contra los tribunos del foro romano.
Mitad verdad, mitad leyenda, la historia recuerda que para salvar al ejrcito romano y a Roma de dicha invasin, el Senado otorg a Cincinato poderes absolutos y el nombramiento de dictador, encomienda que recibi mientras labraba su tierra. A la maana siguiente, ste se present ante el Foro con toga de dictador orla de prpura y llam a todos los ciudadanos a las armas.
Cumplida su misin en apenas seis das y tras la celebracin por su triunfo, renunci a la dictadura que le haba sido conferida por un perodo de seis meses y a todos sus honores, negndose a recibir cualquier tipo de recompensa y regres a sus faenas campestres, constituyndose as el labriego, en un smbolo del espritu cvico de los romanos.
La democracia, esa forma de gobierno que fue creada hace 25 siglos y nosotros an la usamos- pero no la practicamos- tuvo hasta la sutileza de instituir la figura legal de la dictadura, como en los casos que vimos lneas arriba, pero con funciones y objetivos bien trazados y definidos por un plazo de tiempo mximo de seis meses (no seis aos), sin que por ello quedase derogado el ordenamiento poltico y jurdico existente. Se sola enaltecer al dictador como alguien sacrificado capaz de entregar su propia vida por su pueblo y de ninguna manera que ste sacrifique la vida de su pueblo por la propia.
Todo ello apoyado en la honradez y el civismo del delegado. Por ejemplo, habra sido un sacrilegio sugerir siquiera la eleccin de los jueces por parte del autcrata o legalizar el ingreso de centenas de miles de caballos a Roma sin pagar tributo y menos robados, pues no poda disponer del Tesoro Pblico ni abandonar Italia, sin la autorizacin previa del pueblo y estaba obligado a rendir cuentas de sus actos tan pronto terminaba el ejercicio de su autoridad, as se tratase de Cincinato, de un poderoso tribuno, o de un campesino dictador.