Lunes 11 de mayo 2026

El descalabro del déspota



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A escasas horas de la cada del dictador de Libia Muhammad Gaddafi, nos llama poderosamente la atencin la similitud del libreto que manejan los autcratas, al momento de verse perdidos. Casi todos, sin excepcin, declaran que saldrn muertos del poder y/o resistirn su derrota hasta las ltimas consecuencias. Sin embargo, a tiempo de su captura, como lo fue con Antonio Noriega, Nicolau Chauchescu o Saddam Hussein, se tornan en humildes corderitos, mostrando que son ms inofensivos que una malva.

Lejos quedaron las poses histrinicas y de falsa valenta que esgriman, cuando todava se hallaban rodeados de sus adlteres y sus sayones dispuestos a acabar con cuanto inocente cristiano se cruzara en su camino. A su alrededor solo deambulan las almas de esos pobres diablos que, mandados por ellos, murieron amarrados a un cinturn de explosivos con la nica esperanza de alcanzar el paraso que se les prometi ms all de su muerte. Entretanto, estos impostores no cargan consigo ni una triste pistolita que dignifique su captura. En la mente de estos bellacos, slo se anida la idea de mantener los tneles de escape expeditos y la seguridad de que sus mal habidas riquezas se hallen a buen recaudo.

Especialmente Gaddafi fue un frio asesino a quien no le tembl la mano a tiempo de matar inocentes. Entre sus innumerables crmenes, segn relata su propio ex ministro de Justicia Mustaf Abdeljalil a un peridico sueco, fue el propio Gaddafi que en 1988 dio la orden de derribar el avin de Pan Am en su vuelo 103 sobre la localidad escocesa de Lockerbie, ataque que cost la vida de 270 pasajeros. Entonces, es fcil colegir que con esa misma frialdad ocasion la muerte de  ms de veinte mil libios, cifra que viene costando hasta la fecha su derrocamiento.

Sin embargo, lo ms espeluznante de esta historia es que an existen psicpatas que aplauden los crmenes del dictador y sin ruborizarse defienden su causa. Algunos gobiernos latinoamericanos defienden la permanencia del tirano, dejando entrever que un comn denominador los une a ste, siendo muy fcil inferir que es el dinero robado a sus pueblos y depositado en los bancos de Trpoli, el factor principal que los vincula.

Lo curioso del caso es que se trata de desconocer la propia resolucin de las Naciones Unidas, apoyada por todos los pases sin excepcin, que autoriz a la Organizacin del Tratado del Atlntico Norte (OTAN) a prevenir y evitar, en lo posible, el genocidio que el tirano desat contra su pueblo.

Hoy, a pocas horas de que el opresor aparezca con su cara de yo no fui o ajusticiado por sus vctimas, muchos aprendices de autcratas y el mundo entero debern tomar como leccin este descalabro del dspota.