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...tan fuertes, yo no s!,/ golpes como del odio de Dios.
Estos dos versos podran hacer que Csar Vallejo est agradecido a los dioses, si les pidi en vida que le concedan aquello que Borges puso en uno de los ms bellos poemas castellanos: Pido a mis dioses o a la suma del tiempo/ que mis das merezcan el olvido,/ que mi nombre sea nadie como el de Ulises,/ pero que algn verso perdure en las noches propicias/ o en la maanas de los hombres.
Esos dos versos de Vallejo han debido estar retumbando en la memoria de los miembros del gobierno si alguno los hubiera ledo alguna vez- despus del golpe que recibieron del electorado el domingo 16. Hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no s!, golpes como del odio de Dios.
Pero tampoco es bueno echarle la culpa a Dios, sobre todo en este caso. Estamos ante un golpe que no es cvico ni prefectural, porque no es inventado, pero que ha dolido mucho. Ha sonado como un chicotazo en las nalgas del dspota. (As define ahora a Evo Morales el seor Ral Prada, quien fuera uno de los redactores masistas de la ya violada nueva constitucin).
Que el mismo electorado que te dio un (ahora dudoso) 64% en 2010, te d un ao y medio despus slo 35% es un reverendo golpe. Que el propio presidente haya pronosticado que su ramillete de aspirantes a jueces iba a recibir 70% y compruebe luego que fue justito la mitad, es para que duela mucho.
En lugar de buscar culpables entre todos los dems, comenzando por los medios de comunicacin, el gobierno tendra que hacer un examen de conciencia.
Hay una especie de confusin original entre las causas de este desastre. Los bolivianos eligieron al candidato Morales, pero l crey que lo eligieron para que siga siendo candidato. Gran confusin. Desde que est en el cargo no ha dejado de actuar como candidato.
Que el vicepresidente se crea el Murdoch boliviano, comprando medios a diestra y siniestra completa el panorama. Entonces, quin gobierna? Aparte de las eficientes decisiones inspiradas en el odio a personas o regiones, no hay nadie que gobierne.
El golpe del domingo 16 es fruto de esos errores. Dios no tiene la culpa.
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