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No resulta curioso y hasta sospechoso que los bolivianos, cual acmilas de noria estemos girando desde hace un ao, en torno a la carretera por el TIPNIS?
Hoy, frente al inicio de la novena marcha de los indgenas de tierras bajas en protesta por la realizacin de dicho proyecto, asistimos atnitos a los mismos acontecimientos que caracterizaron a su antecesora. Salvo est, la pateadura de Chaparina que no tardar en verificarse, en algn lugar de esa ubrrima selva oriental, tal como seala la dinmica de rplica de los hechos. Zanjas excavadas, bloqueos intempestivos y las infaltables arengas de eufricos sayones pagados que amenazan librar en esos campos de Dios, la madre de todas las batallas.
En casi siete aos de gobierno habr sido tan difcil, sino imposible, centrar su proverbial afn constructor en otros proyectos no menos importantes pero infinitamente ms tiles y menos conflictivos, como la conclusin de la carretera La Paz-Oruro o, sin ir muy lejos, la conclusin de la va que une a La Paz con el Alto Beni, como trazo esencial para la tan aorada entrada a ese departamento hermano?
Acaso los conflictos interdepartamentales existentes entre Tarija y Chuquisaca; Potos y Oruro y la infinidad de aquellos que estn paralizando a la nacin, no son suficientes para colmar la agenda de una administracin seria? Ser siempre necesario atender al 100% de nuestra efectividad la apertura de un territorio que est ms que demostrado servir para extender la frontera cocalera envenenando campos, que otrora eran llamados a servir de pulmones de nuestra patria?
As como en el peor libro suelen existir grandes enseanzas, tambin en los ms abyectos personajes, solemos encontrar dichos o hechos plausibles que se quedan en la memoria de los pueblos. Es el caso de la manida frase La madre de todas las batallas acuada por el ex presidente de Iraq, Saddam Hussein, para espolear a su pueblo antes de emprender un vano enfrentamiento contra fuerzas internacionales que acabaron con l y con su satrapa.
Desde entonces, no hay caudillo autcrata que no incluya en sus manifiestos y alocuciones esta muletilla. Y como si de una maldicin se tratara, cada vez que la pronuncian, parecieran convocar fuerzas malficas que dan al trasto con todo vestigio de convivencia pacfica entre hermanos.
En estos momentos en que los bolivianos asistimos azorados a la inexorable repeticin de una marcha indgena que acarree los mismos actos represivos y repugnantes que nos mostraron ante el mundo como una horda de salvajes, es menester rebobinar nuestra historia y por un momento, un solo momento, apelar a la cordura y frenar con el dilogo y la misericordia este ecocidio que, de no evitarlo, se convertir en la madre de todas las canallas.