Miércoles 06 de mayo 2026

Las dos caras



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Por un lado mientras las cifras macroeconmicas muestran resultados favorables como el aumento del consumo, del gasto de gobierno, el aumento del valor de las exportaciones, con sus efectos multiplicadores en los ingresos fiscales, por el otro la inversin privada permanece entre parntesis y la inversin pblica muestra ser un rotundo fracaso: en la minera, caso litio, fundicin y mutn; en la industria, empresas como: Hilos Hilbo, Texturbol, Planta ensambladora de computadoras, o parque industriales o Papelbol en Villa Tunari, BoA Boliviana de Aviacin, que le cuestan al Estado, es decir a todos los bolivianos, cubrir sus dficits operativos e inutilidad econmica de todas ellas.

Si hablamos del proyecto ms importante, que fue la bandera con la cual se quebr el proceso democrtico el ao 2003, la industrializacin de los hidrocarburos, nada tenemos en ms de seis aos.

Esto quiere decir que en todo este tiempo, el gobierno ha tenido dinero para derrochar, gracias a lo cual se puede sostener e incluso obtener el 55 por ciento de aprobacin segn encuestas ltimas. Y la sociedad en su mayora, aplaude este estado de cosas. Cmo lo hizo durante el septenio banzerista, cuando el precio del petrleo se dispar y el general se dedic a construir autopistas e importar vehculos como signo de prosperidad social.

No tiene nada de raro entonces que al derroche popular- estatal le siga la fiesta nacional que se vive, incentivando el contrabando y el narcotrfico.

Contrasta esto con la ausencia de proyectos nacionales que sean objetivos del verdadero cambio que se ha propuesto. Mirando el proceso desde afuera, Bolivia ha perdido peso.
Cuando les pido a mis alumnos ejemplos de pases en los cuales no invertiran, nombran a Bolivia entre Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Argentina. Esta imagen nacional, no es la que se siente fronteras adentro, donde se cree en el proceso de cambio, es decir; en la inversin de valores, donde lo que antes estaba arriba ahora est abajo, o lo que era visto como bueno hoy da es visto como malo. Esta inversin de valores ha mostrado un rostro vaco de contenido indgena, popular y revolucionario, por otro contradictorio entre su discurso y la accin donde el contenido se alimenta de la violencia y la corrupcin promovida desde las ms altas esferas del Poder.

El beneplcito de las Fuerzas Armadas que no reaccionan ante el derroche de los recursos nacionales en proyectos partidarios, la complicidad del sector empresarial que cuida sus bolsillos antes que los intereses nacionales, la complacencia de amplios sectores populares con la poltica de encubrimiento y amparo de las actividades ilegales sostenidas desde el Estado, configuran el soporte poltico de este proceso. En palabras sencillas, la indiferencia social ante lo que se dice y se hace, es la mejor manera de avalar los tremendos desaciertos del gobierno.

Por eso quienes reclamamos por una administracin que tenga objetivos, planificacin, estrategias claras y controles reales, parecemos simplemente desorejados, es como si pidiramos algo fuera de orden. Y claro en medio de la fiesta cuando los sentidos se alteran, nadie quiere escuchar reflexiones, todos prefieren bailar, gritar y rer, es as como se sienten los bolivianos ahora.

Lo tremendo de esto, es que el desarrollo energtico postergado por carencia de polticas al respecto, nos deja mucho ms lejos del desarrollo que comienzan a experimentar otros, como el Per, cuyo volumen de inversin extranjera directa supera el nivel de las reservas internacionales que tenemos y la expectativa de proyectos en el marco de los pases signatarios de la integracin del Pacifico: Chile, Mxico, Colombia y Per extiende sus beneficios haca la Unin Europea y Estados Unidos, justo cuando estos buscan afianzar inversiones que les permitan controlar la crisis que viven.

En suma, mientras los tratados de libre comercio han configurado un nuevo escenario de afianzamiento del comercio exterior para proveer de tecnologa de punta a economas dispuestas al desafo de globalizarse, Bolivia se ha encerrado como monje agustino en sus cuatro paredes.
Vivimos la poca del folklore, mixtura, serpentina, cerveza y chicharrn, hoy da tenemos para pagar todo eso, maana quien sabe...