Martes 28 de abril 2026

De la violencia a la mentira


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Cuando la violencia de Estado se introduce en la vida social va gritando soy la violencia... djame pasar, sino te aplastar... para mantener una cara respetable, la violencia llama en su ayuda a la falsedad. Cuando no puede posar su poderoso brazo ni todos los das ni sobre cada hombro, entonces slo nos pide obedecer a la mentira y participar diariamente en la mentira escribi el Premio Nobel ruso Aleksandr Solzhenitsyn, antes de ser expulsado de la entonces Unin Sovitica, en 1974.

Salvando las diferencias de poca y contextos, lo escrito por el hombre que sufri los peores rigores del estalinismo, se asemeja a la Bolivia del presidente Evo Morales y del Vice lvaro Garca Linera bolchevique-jacobino como se define l mismo. A confesin de partes relevo de pruebas.

Para aplicar la violencia sin que parezca tal, Morales, el Vice y sus hombres recurren a la mentira, como la promovida por el gobierno con saldo de muertos y heridos en Porvenir para defenestrar a Leopoldo Fernndez, ex prefecto de Pando, encarcelado hace cinco aos sin sentencia, solo por ser parte de la oposicin poltica autonomista. Lo juzgan por genocidio, cuando todo fue montado por el  oficialismo, al punto de que trasladaron maestros rurales de La Paz para que se sumen a los campesinos del lugar y enfrenten a los leales a Fernndez. Fue una operacin promovida desde el ministerio de la Presidencia, a la cabeza del ministro Juan Ramn Quintana, con un saldo de 12 muertos.

Otro caso de violencia sin que parezcan tal, son las guillotinas judiciales contra opositores y autoridades que ganaron cargos de gobernadores y alcaldes. A sola imputacin de cualquier ciudadano/a sin presentar pruebas, se lo saca de sus cargos para disponer de ese poder local, e ir cerrando el copamiento poltico y territorial.

Un caso paradigmtico de violencia arropada en falsedades y mentiras del poder poltico es el complot terrorista-separatista contra 39 acusados, presos o en el exilio tambin sin prueba alguna, solo por ser  autonomistas. Fue un plan elucubrado por el gobierno de Morales para eliminar a la dirigencia autonomista cvico-poltica crucea, frreo obstculo, de 2006 a 2009, al proyecto de poder centralista y autoritario del autcrata presidente.  Es llamado tambin el caso Rozsa que presenta el nico dato de terrorismo, aqu terrorismo de Estado, pues un comando  de elite de la Polica Nacional efectu el asalto al hotel Las Amricas, en Santa Cruz de la Sierra, y acometi la ejecucin extrajudicial a tres extranjeros: Eduardo Rzsa Flores, hngaro boliviano, Micheal Dwyer, irlands y  Arpad Magyarosi, compaeros de aventuras. El tambin hngaro Elod Toas y el croata-boliviano Mario Tadic, imputados y presos desde aquel da, se salvaron de ser masacrados como atestiguan fotos tomadas a los 3 cuerpos de los asesinados.  

Quien era testigo clave del gobierno y dio nombres de los supuestos terroristas, separatistas y sus financiadores, luego se declar perseguido poltico, chantajeado y engaado pues el soborno de $us 30.000 ofrecidos, le fue arrebatado de las manos tan pronto concluy la operacin filmada, para dar prueba a los superiores que el dinero fue entregado. El testigo denunci  que mencion a personas que no conoca, pero estaban en una lista que le entregaron hombres del gobierno.

A la violencia y mentiras comprobadas en este caso, se suman la extorsin y el chantaje de funcionarios del ministerio de Gobierno, algunos presos, una vez descubierta la trama delictiva.  Por  ltimo,  la amenaza de crcel al probo general de la ex Repblica de Bolivia,  Gary Prado Salmn, en condicin de impedido hace 40 aos, cuando sofocaba un levantamiento armado de falangistas cruceos. En la audiencia que ventilaba la solicitud de crcel demandada por los fiscales, el general Prado se defendi con la misma bonhoma puesta a prueba a lo largo de su vida. El juez desech la demanda y le ratific la detencin domiciliaria. Fue una victoria parcial de la justicia frente a una injusticia por dems inhumana.

La arremetida contra Prado Salmn es porque l captur con vida a Ernesto Ch Guevara  durante la confrontacin armada entre la guerrilla comandada por l y el ejrcito boliviano. Prado, entonces capitn, lo captur herido pero con vida, y en esas condiciones lo entreg a sus superiores. Nada tuvo que ver con su asesinato sumario, un da despus, el 8 de octubre de 1967, pero es una presa a la que persiguen los radicales de ayer y de hoy.

Cuanta gente  en el pas se ha credo las mentiras del gobierno?
Tras siete aos de gobierno de Morales y compaa cuntas personas creen an en la mentira del caso Porvenir; o en las del complot terrorista-separatistas contra los autonomistas cruceos, benianos y pandinos? O en las mentiras con las que se juzga al gobernador de Santa Cruz, Rubn Costas, quien cumpli con el mandato autonmico, exigido por un milln de personas en un Cabildo, por ms de 500 mil firmas y ratificado en Referndum por 86% de la sociedad crucea? El proceso judicial contra Costas, constituye una criminalizacin de la demanda de autonoma. Quin cree  en las mentiras  que arm el oficialismo contra el senador  Roger Pinto, de Pando?  Las amenazas que pesaban  sobre l, lo obligaron a buscar asilo en la embajada de Brasil hace un ao, sin que an obtenga el salvoconducto.

Mentiras y falsedades son las que sustentan el llamado caso de genocidio contra el gabinete de  Gonzalo Snchez de Lozada, gobierno derrotado en 2003 por una insurreccin popular, a la que  el poder poltico respondi con el uso de la violencia del aparato del Estado, siempre brutal, con saldo de muertos y heridos. El gobierno de su sucesor, Carlos Mesa, exoner de culpas a los insurrectos, medida solicitada  por el entonces diputado Evo Morales, uno de los idelogos del alzamiento. De ah que toda la culpa recay en el presidente Snchez de Lozada, el alto Mando militar y sus ministros, que salvo el del Interior que comandaba las operaciones represivas nada tuvieron que ver en el conflicto. Cinco de esos ministros estn en el exilio acusados injustamente de genocidio.

El uso de la violencia en poltica me lleva a la filsofa y escritora alemana Hanna Arendt, uno de cuyos mayores mritos es haber estudiado los regmenes totalitarios de la Rusia sovitica estalinista y el nacional socialismo de la Alemania nazi y los smiles entre ambos. De ah su valiente libro Los orgenes del totalitarismo.
Ms tarde, Arendt puso el nfasis en la esfera pblica, la libre organizacin de la sociedad civil y la dignidad de la poltica, no en nombre de alguna creencia ideolgica, del libre mercado, del mundo libre o del capitalismo global, sino en nombre de la libertad.
Sobre la violencia, Arendt deca que cualquier tema pblico en el debate que plantee discrepancias, es inmediatamente descalificado y posicionado como reaccionario. En Bolivia se los califica de derecha, neoliberal, racista  y ahora  golpistas como a las demandas de la Central Obrera Boliviana (COB) por exigir equidad en las jubilaciones: por qu a los militares 100% y al resto slo  60%?  Que sea una medida irracional, no es el caso, sino el privilegio para unos en detrimento de los proletarios mineros. En 2006 eran solo 800 los obreros de la mina Huanuni en manos privadas, tras la nacionalizacin  de la misma, treparon a 4.800, con el beneplcito del gobierno. El responsable de ese exceso es Evo Morales.

Arendt apunta que cuando el discurso de las mayoras -que repiten el discurso de los jefes- se torna agresivo, se reduce el ser social, a un cuerpo que destruir y un alma que manipular... esto es, hacerlos sujetos a formas de poder que no conocen lmites.  Es lo ms parecido que he ledo a quitarle el alma a los karas del Vice, segn dict en una clase a sus alumnos y uno de ellos lo transcribi tal cual, afirma l para no aceptar su autora.  
Textualmente dice en Estrategias para destruir la dominacin khara: quitar el alma a la sociedad mestiza y blanca... Ser humillados, infravalorados, maltratados econmicamente, quitarles sus referentes sociales y culturales...

En suma, imponer el pensamiento nico, como afirma la diputada del partido oficialista Rebeca Delgado, hoy en conflicto con la cpula, pues afirma que Garca Linera y su sindicato en el Gobierno no nos dejan pensar.  

Para librarnos de manipulaciones y mentiras vuelvo a Sozchenytzen: La salida ms simple y ms accesible a la liberacin de la mentira descansa precisamente en esto: ninguna colaboracin personal con la mentira... Aunque la mentira lo oculte todo y todo lo abarque, no ser con mi ayuda... libertad o servidumbre
Esa debe ser la actitud de los demcratas.