Miércoles 22 de abril 2026

La reinvención de los impostores


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La soberbia y el delirio llevan a los dictadores a insistir en la pretensin de imponer a los otros su particular visin del poder, del Estado, de la poltica, de la economa, de la sociedad y sus mltiples determinaciones, siempre en movimiento, aunque ellos creen que es esttica. El materialismo dialctico, si alguna vez lo leyeron, lo han tirado al basurero.

Si los dictadores bolivianos, Evo-Morales-Garca Linera y compaa, creen merecer un segundo tiempo, en realidad un cuarto, es porque pretenden la reproduccin continua e indefinida de su poder; ya porque se acostumbraron a abusarde l; ya por el uso vicioso, va la corrupcin, de la riqueza que gener la sociedad boliviana en su dcada de bonanza

Al cabo de 10 aos,esa reproduccin ha devenid oen pulsin totalitaria, nunca satisfecha. Es decir, se ha convertido en totalizacin de la poltica, como afirmaba Hannah Arendt, bajo el exceso de la dominacin autoritaria, del empleo (in)justificado de la violencia, del desconocimiento del Estado de Derecho y sus atributos, de la negacin de la tica en la prctica poltica, del derecho a la libertad de conciencia, de expresin e informacin y de acciones comunicativas.

El uso de la violencia, en cualesquiera de sus formas, constituye una limitacin poltica, deca Arendt, pues se producen al margen de la esfera poltica. Esta debe nutrirse de compromisos, concesiones, dilogos, acuerdos y tambin en la lucha por el poder del Estado, que ms all de intereses diferentes y antagnicos, pueden encontrar una forma de convivencia, respetando las instituciones de la democracia. No hacerlo, en su forma ms radical, lleva a la concentracin total del poder, como en la Bolivia de Morales. Es decir, a la concentracin-confrontacin que les ha hecho perder el respeto a las normas sociales y a leyes que protegen los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos.

En la frentica reinvencin de si mismos como polticos adictos al poder, conviven entre dos espejos rotos, sin ver las distorsiones de su propia imagen, mezcla de tragedia represiva y comedia populista. Morales, Garca Linera, Juan Ramn Quintana y otros, que se hacen pasar por hombres de izquierda en todo caso, la estalinista totalitaria, no la izquierda democrtica- han perdido el contacto con la realidad bajo el autoritarismo y el ejercicio del poder sin contrapesos.

Nada indica que vayan a cambiar, o que haya terminado la sangra poltica y social que sufre Bolivia por la violacin a los Derechos Humanos y al Estado de Derecho, sobre todo el manejo represivo y arbitrario del poder judicial. Sin temor a equivocaciones, la administracin de justicia en el pas puede ser comparada con la Inquisicin.

Aqu, el Ministerio Pblico decide a quienes quema, no en la hoguera, todava, sino en las fauces de abogados, jueces y fiscales subordinados al poder poltico y al Ejecutivo, una vez desterrada la independencia de los tres poderes que hacen a una democracia republicana.

La prctica violenta es el pan de cada da, desde La Calancha, Porvenir, el Hotel Las Amricas, Caranavi, Tipnis, la vulneracin del derecho a elegir y ser elegido en Beni, los juicios al dirigente de oposicin Ernesto Surez, as como los manotazos contra la libertad de prensa, la persecucin a periodistasy a toda voz que critique al rgimen, entre ellas Iglesia Catlica. Demasiado muertos.

Hoy somos testigos de la despiadada sordera del rgimen frente a los discapacitados, quienes ahora marchan con ramos de flores en sus sillas de ruedas o sus muletas, para que la polica no los reprima y gasifique como a criminales.

La sangra continua con saa contra el abogado Eduardo Len, que defendi a Gabriela Zapata, la encarcelada excompaera sentimental de Morales. Un editorial del New York Times, calific al presidente boliviano como el cruel examante de Bolivia(Pgina Siete. La Paz 26.05.16) l, bien gracias, pero Len ha quedado en indefensin sin garantas constitucionales ni debido proceso, mientras el trfico de influencias con la empresa china CAMC, se hizo gas en los enjuagues amorosos y millonarios para que Zapata calle. Calla costa de Len, convertido en chivo expiatorio. Para no caer en la rueda represiva sin fn, el periodista Carlos Valverde, quien denunci el trfico de influencias, se puso a buen recaudo y sali del pas. Los presos y exiliados polticos suman y siguen.

Y as como los dictadores se reinventan desde el poder venal, los hombres de Morales reinventan un nuevo proceso contra el gobernador cruceo Rubn Costas, por un hecho que ya fue juzgado y del cual sali liberado. Otra vez el arraigo y la multa. No conformes, activan un bloqueo poltico en su contra, en una zona neurlgica del departamento, por demandas ya satisfechas.

Las actuales arremetidas, al son de la guerra moral que presagia el Vice contra el rgimen, desde la oposicin, y el horripilante himno castrense a Morales, son una vuelta de tuerca ms hacia el poder total. En los anlisis post NO del 21F pasado -contra el referndum re-re-reeleccionista de la dupla de marras- se barajaba unadescomposicin de las relaciones entre el poder poltico y la sociedad, entre otras razones, por venganza de los derrotados: no admiten que haya ganado el NO.

Y como no lo aceptan, los dictadores pretenden reinventarse con un nuevo referndum, o la modificacin de la Constitucin, o una cumbre de justicia y alguna otra argucia para reproducirse en el poder. De la sociedad boliviana, de sus instituciones democrticas, aunque estn destartaladas por los zarpazos de los dictadores, y de la oposicin poltica, depende que lo logren o NO.
El Da.