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El gobierno dice que el joven Jonathan Quispe muri por una conspiracin de la derecha con el imperio, que quieren derrocar al presidente Evo Morales.
La misma conspiracin estara detrs de los 20.000 cochabambinos que cantaron, a coro, Bolivia dijo NO en la inauguracin de los juegos deportivos sudamericanos.
Y en el coliseo de Cochabamba donde, otra vez, se dio el mismo coro.
Hay otra lectura de estos hechos. Alude al cansancio de la gente, y no del imperio ni de la derecha, con los desatinos del gobierno.
Si resulta que el presidente no puede estar en una conferencia de prensa en Costa Rica sin que algunos bolivianos le hablen del 21-F, a gritos, no pueda estar en Suiza, ni en Asuncin, ni en Nueva York
El problema es que la impaciencia del pueblo no puede ser encauzada por el tradicional sistema de partidos polticos, porque no hay ninguno que la represente, o por lo menos la interprete.
El lder de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, dijo que nadie quiere derrocar al presidente, sino que solamente se vaya del cargo en 2019.
La impaciencia ciudadana, sin embargo, quiere otra cosa. Es tan intensa como la impaciencia de los nicaragenses, que quieren destituir a Daniel Ortega ahora mismo, o los brasileos, que apoyan el encarcelamiento de Lula da Silva, o los venezolanos, que quieren a Nicols Maduro frente a un tribunal internacional.
Quiz haya que buscar las races de este descontento no en la derecha ni el imperio, sino en los errores del gobierno.
Nadie oblig a Evo Morales a construir un museo de 7 millones de dlares para marcar el lugar donde l naci, ni fue el imperio el que le dijo que construyera un palacio de 37 millones de dlares, con una suite de 1.000 metros cuadrados, bao con yacuzzi y bar con canilla abierta.
Ni la derecha boliviana ni el imperio le dijeron que gaste 953 millones de dlares en una planta de urea que no puede funcionar, o la separadora de Yacuiba, que cost 700 millones, con la misma suerte.
Los propios juegos sudamericanos no fueron sugeridos por la derecha ni el imperio, y menos los negociados que lo rodean, ni la ineptitud de quienes estuvieron a cargo de la organizacin, ni de quienes deban dotar de uniformes o zapatos a los deportistas bolivianos.
Quiz por eso y mucho ms, el veredicto de la gente es inapelable y de aplicacin inmediata.
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