Loading
Ni el ms zahor de los comunicadores sociales que han hecho noticia en estos ltimos sesenta das, incluyendo a uno de los ms prestigiosos, como es el caso del expresidente Carlos Meza, se habran imaginado ser lanzados a la notoriedad meditica ms inesperada, al ser incorporados en el escndalo Quiborax, como los protagonistas de ese acto de prestidigitacin fabricado por el gobierno, para que se embarquen en una campaa electoral que haga olvidar el 21F y potabilice las aspiraciones reeleccionistas empero, se tiro les sali por la culata y es un bumerang que amenaza cortar un buen racimo de cabezas de sus creadores.
Por un lado, la popularidad del exmandatario ascendi en forma vertiginosa e inversamente proporcional a la impopularidad y descredito de los inventores y manipuladores de este sainete,que trataron de revertir una verdad inconmovible, como es el creciente repudio a las intenciones de reeleccin del presidente y vicepresidente, emanado en el referndum del 21 de febrero de 2016 y, por el otro, desvel la maraa de horridos manejos que se realizaron a tiempo de resarcir a los expropietarios de las famosas empresas capitalizadas.
Lo notable de este entripado es la inusual reaccin que despert en el gremio de comunicadores sociales, donde no faltaron quienes que se solidarizaron con el colega y los detractores que, en esta controversia encontraron la oportunidad de sacar a flote sus ms bajos instintos de frustracin y envidia.
Es el caso de la exministra de comunicacin Amanda Dvila que, en un principio, aunque lo haya matizado ms tarde, expres su apoyo asi: El expresidente Carlos Mesa no debera ir a la crcel ni hoy ni maana pues actu, durante su gestin, contra la mafiosa chilena Quiborax en defensa del pas; eso no tiene precio, pienso yo.
Asimismo, el caso de la exministra de Defensa Legal del Estado, Mara Cecilia Rocabado que exime al expresidente al manifestar: Quiborax era una empresa ficticia y oper cuatro aos en esa condicin, teniendo deudas por daos ambientales y un juicio tributario por un milln y medio de bolivianos.
Por su parte, el tal llamado gringo, presidente del Senado, arremeti sin piedad contra su colega Meza y, con vocacin de pitonisa misericordiosa aadi que su juicio y posible encarcelamiento ya no tendran lugar durante esta Legislatura. Antes de asumir esa poco digna actitud, lo habra hecho mejor averiguando el destino que corri su comunicativa compaera Carmia LLorenti y los trmites que se tengan adelantados para recuperar la computadora de esta Mata Hari criolla. Igualmente, tratar de dilucidar el enigma que envuelve al socio de la minera chilena David Moscoso, cuyo paradero se desconoce, pese haber ganado hace cinco meses a la Autoridad de Fiscalizacin y Control Social de Empresas (AEMP) una reparacin de dao que sta le interpuso, por falsificar el acta de constitucin de Quiborax. Esta ilegal movida permiti al consorcio chileno operar en Bolivia y luego demandar al Estado. El 14 de agosto de 2009, Moscoso se acogi a un juicio abreviado, donde fue condenado a dos aos de crcel, pero obtuvo el perdn judicial y se le estableci el gracioso pago de una multa de Bs 1.000, para cobrar despus, en contante y sonante, la bonita suma de 20 millones de dlares, como un recuerdo de este estrafalario encuentro entre comunicadores incomunicados.